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La nueva guerra de divisas

La devaluación del real y una inflación que supera las metas planteadas, a las cuales no están acostumbrados los brasileños, les repercutieron y han comenzado a cambiar hábitos y ahorrar en “dólares”.

26 de septiembre de 2013 a las 02:00 p. m.
Gustavo Scarpetta*
La nueva guerra de divisas

La guerra de divisas fue un término que acuñó el ministro de Economía de Brasil, Guido Mantenga, cuando las implicancias de la crisis de 2009 habían llevado a un grupo de países a realizar pequeñas –y no tanto– devaluaciones para mejorar la competitividad de sus exportaciones y de esa manera afectar positivamente sus economías. El brasileño temía que esas acciones fueran repetidas por muchos países y se terminara generando un conflicto comercial en el que se reaccionaría devaluando más y más la propia moneda.Si bien el pronóstico no se observó en la cuantía que el ministro había pronosticado, el problema aún no fue superado, ya que a algunos anteriores factores se han sumado otros que fortalecen la posibilidad de un nuevo grupo de devaluaciones en serie, en varios países.La crisis que comenzó con la caída de Lehman Brothers lleva exactamente cinco años, tras provocar una caída de la economía mundial del 0,7 por ciento en 2009. Algunos países reaccionaron con medidas proteccionistas, con devaluaciones o con una combinación de ambas.Uno de esos factores adicionales es el comportamiento de la Reserva Federal de Estados Unidos, que ha comenzado a elevar su tasa de interés, por lo que algunos flujos financieros internacionales comienzan a "volar" hacia ese país, abandonando mercados emergentes como Brasil, India o Indonesia.También la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) busca eliminar los aportes para la reactivación de la economía norteamericana, lo que significa menos dinero dando vueltas en el mercado global.Esta salida de fondos repercute en las economías locales, que deben hacer correcciones antes de comenzar a sufrir mayores problemas.

Dólar a la brasileña

Uno de los países que siente los efectos de estos factores es Brasil, que ve caer sus reservas y devaluar su moneda.

La devaluación del real y una inflación que supera las metas planteadas –a las cuales no están acostumbrados los brasileños– les repercutieron y han comenzado a cambiar hábitos y a ahorrar en “dólares”, copiando a sus vecinos argentinos.

Una inflación que bordea el siete por ciento anual, sumada a una devaluación que lleva poco más de 20 por ciento en lo que va de 2013, implica que la capacidad económica del sueldo cayó más de una cuarta parte. Esto también fue causa de los reclamos que recibió el gobierno mediante un número importante de manifestaciones sociales.

Aunque se apliquen medidas para evitar o suavizar los efectos, los resultados no aparecen.

Esa devaluación de la moneda brasileña ya repercutió en la economía argentina, donde las ventas hacia ese destino se han estancado y los bienes de ese país resultan más atractivos por su mejora en el 
precio.

Los números de la balanza comercial de Argentina están demasiados justos como para soportar sin impacto este cambio en la economía del Brasil.

La devaluación en el mundo

No son pocos los países que están devaluando. Algunos como una estrategia para mejorar la competitividad de sus exportaciones y crear una barrera a las importaciones. Otros, en cambio, por el flujo de las inversiones internacionales, ven devaluar sus monedas, lo que puede conllevar a un aumento de la inflación.

La devaluación golpea los ingresos reales de los asalariados y encarece tanto los bienes que se exportan como los que se importan.

Algunas de las monedas son el rand sudafricano, la lira turca y el peso mejicano, devaluado recientemente. En el caso del yen japonés, estuvieron de acuerdo con la devaluación todos los integrantes del G-20, lo que permitió que ese país pudiera salir del estancamiento exportador en el que había caído durante una larga década.

La economía japonesa estuvo estancada con deflación y le resultó muy difícil sortear esa situación. Extrañamente, el G-20 hace la vista gorda sobre el comportamiento japonés, porque el despertar nipón terminaría beneficiando a la economía global, ya que junto a China e India forman parte de un triángulo positivo de la economía mundial.

La tríada conformada por EE.UU., la Unión Europea (UE) y el triángulo China-India-Japón son los motores del comercio mundial.

Cuando, en 2009, dos de esos motores se apagaron (EE.UU. y la UE), todo el globo se resintió y el comercio mundial disminuyó por primera vez después de años. EE.UU. salió, la UE sigue complicada y los asiáticos son la locomotora actual, lo que puede ser aun más fuerte si el “motor” japonés logra potencia.

La FED no inundará más de dinero buscando reactivación, ya que los números e indicadores le dan positivo, por lo que significará menos ingreso de dinero a los emergentes y, entre estos, a Brasil, lo que afectará a nuestra economía de manera rápida.

Ya las exportaciones a Brasil han caído fuertemente en agosto y todos los expertos apuntan que es debido a la devaluación del real, lo que hace más caros nuestros productos, junto a un peso que sigue fuerte, aunque se viene devaluando a un ritmo superior que los últimos años.El pronóstico es que Brasil crezca sólo un 2,2 por ciento este año, y para 2014 se recortó de 3,8 por ciento a un 2,5 por ciento.

¿Por qué guerra?

El que devalúa mejora sus exportaciones. Ese país gana mercados; si ese lo gana, otro lo pierde.

El “perdedor” reacciona ante esa pérdida con una devaluación de su moneda, tal vez mayor que la que realiza el primero. Así se van impactando país tras país: uno devalúa más que el otro en busca de mayores mercados, más exportaciones y mejorar su economía.

En ese contexto, ¿qué le puede pasar a Argentina? O, mejor dicho, ¿qué le está pasando ya?

Sin un acuerdo global para evitar esto –el G-20 estuvo ocupado en otros temas– las repercusiones en nuestra economía y en algunos sectores particulares pueden ser muy fuertes.

* Docente de la UNC y de la Universidad Católica de Córdoba