La Manzana Jesuítica, espacio de sabiduría, encuentro y profundidad
Pasado, presente y futuro confluyen en este corazón que sigue latiendo en el Centro de la ciudad de Córdoba.
Celebrar 25 años de la declaración de la Manzana Jesuítica de la ciudad de Córdoba como Patrimonio de la Humanidad no es sólo un aniversario. Es la ocasión de mirar hacia atrás con gratitud; de contemplar el presente con responsabilidad; de soñar el futuro con esperanza.
La Manzana Jesuítica es, ante todo, un corazón que sigue latiendo en el Centro de Córdoba. Latiendo en piedra antigua, en patio de silencio, en libros que todavía huelen a historia, en estudiantes que cruzan sus pasillos sin saber (o sabiéndolo muy bien) que caminan por un lugar donde el tiempo no pasa: se transforma.

Aquí se entrelazan tres hilos que hacen única a esta obra: la fe, que animó a los primeros jesuitas a enseñar, a sanar y a evangelizar; la inteligencia, que permitió que se levantaran instituciones pioneras en estas tierras, forjando pensamiento y ciencia; la cultura, que brotó como fruto de ese encuentro entre pueblos, lenguas, saberes y horizontes.
Mantener viva la Manzana Jesuítica no es sólo conservar edificios. Es conservar una visión: la de un mundo donde la educación se pone al servicio de la dignidad humana; donde la fe se encarna en obras; donde el diálogo entre culturas es capaz de generar belleza.
Custodiar memoria y valores
Hoy, 25 años después de aquel reconocimiento internacional, escuchamos un llamado. La historia nos invita a preguntarnos: ¿qué significa ser Patrimonio de la Humanidad en un tiempo que a veces parece olvidar lo humano?

Significa custodiar la memoria para que no se diluya; significa hacer que estos muros sigan enseñando valores que no caducan; significa abrir la puerta a todos, en especial a los jóvenes, para que encuentren aquí un espacio donde pensar, crecer, discernir y soñar.
Que este aniversario nos anime a renovar nuestro compromiso: a cuidar este tesoro; a promover el diálogo entre saberes; a cultivar la paz; a poner siempre primero a la persona, como nos recuerda el Evangelio y como demuestra la historia jesuítica en Córdoba.
Que la Manzana Jesuítica nos siga regalando lo que mejor sabe hacer: sabiduría, encuentro y profundidad.
Y que nosotros, como comunidad, seamos dignos herederos de este legado.
Que Dios bendiga este lugar, bendiga a quienes lo cuidan y lo hacen vivir, y nos regale la alegría de seguir construyendo, juntos, una Córdoba más humana y más luminosa.
*Cardenal; arzobispo de Córdoba
Discurso pronunciado el sábado 29 de noviembre en el Teatro del Libertador, por el 25º aniversario de la declaración de la Manzana Jesuítica como Patrimonio de la Humanidad.

