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La felicidad como motor de la historia

Una corriente política de Brasil quiere incluir en la Constitución de ese país un texto que refiera a la búsqueda de la felicidad, para concientizar sobre derechos sociales. Alejandro Mareco.

01 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La felicidad como motor de la historia

Durante la segunda mitad del siglo 20, Beate y Serge Klarsfeld dedicaron su vida a perseguir a criminales nazis. Ella había nacido en Francia y él, en Alemania, en un hogar judío al que le arrebataron el padre mientras el resto de la familia sobrevivió oculta.

Se conocieron, se casaron y se establecieron en Alemania, para comenzar una larga e intensa militancia a todo riesgo.

Con el tiempo, Serge diría que afrontar ese desafío y el de, además, crear una familia, fue posible porque ambos eran dos seres felices. Es decir, la armonía que habían encontrado, pese a la dura infancia de él, los hizo ir hacia delante en sus ideales.

En la semana que pasó, entre los primeros episodios de casamientos de parejas homosexuales luego de que fuera promulgada la ley que puso a la Argentina en la vanguardia de las conquistas civiles, el representante de artistas Alejandro Vanelli, quien se casó con el actor Ernesto Larrese luego de 34 años de convivencia, remarcó que fue posible participar de la lucha porque eran dos tipos felices.

Uno de los más profundos pensadores argentinos, Arturo Jauretche, sostenía: "El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza".

La historia nuestra, por lo demás, ha dado muestras de que el pueblo ha sido capaz de dar saltos hacia delante cuando comenzaba a resolver sus necesidades elementales y, en consecuencia, podía enarbolar otras reivindicaciones, como pasó con la clase media e Hipólito Yrigoyen; los obreros y Juan Domingo Perón, o los trabajadores que realizaron el Cordobazo.

Si la felicidad, considerada en algunos casos como el bien supremo, es un estado del alma o, si no, algo que el alma recibe desde afuera, es la respuesta que tantas veces se ha planteado la filosofía.

Como la afirmación de Boecio sobre que la felicidad no tiene sentido sin los bienes que hacen felices.

Algo por el estilo vendría a plantear la propuesta del Movimiento Mais Feliz, en Brasil, de incluir en la Constitución el siguiente texto: "Son derechos sociales, esenciales a la búsqueda de la felicidad, la educación, la salud, el trabajo, la vivienda, el ocio, la seguridad (personal y social), la protección de la maternidad y la infancia, la asistencia a los desamparados". La intención de sus propulsores es poner a la felicidad como faro para concientizar a las personas sobre los derechos sociales.

Quizá esto, que parece sólo una quimera, al hombre en sociedad le sirva para recordar que la felicidad también puede ser un motor para salir en busca de la historia, un horizonte al que los pueblos no deben renunciar.