La educación y la década ganada
Nos cuesta salir de un sistema educativo agotado, populista, demagógico, que expulsa más que “incluye” a los chicos, jóvenes/ciudadanos, que en algún momento deberán asumir responsabilidades para las que no los hemos preparado.
¿Qué es el hombre?, pregunta Jaime Barylko en su libro Temas urgentes. Y responde, en certera síntesis: "El hombre... nada es sino lo que se le educa a ser". Si educar es formar a una persona en valores, principios, conocimientos y utopías, es evidente que no lo estamos haciendo bien.La década ganada no nos ha permitido ganarles a las altas tasas de fracaso escolar, a la deserción, a los porcentajes de ausentismo docente (30 por ciento en provincia de Buenos Aires); al alto índice de resiliencia (mide las posibilidades que tiene un chico pobre de lograr mejor aprendizaje y nos pone a la cola de Perú, por un sistema educativo más desigual que hace 10 años), según señala Gabriel Iaies, del Centro de Estudio de Políticas Públicas (Cepp). Tampoco ha logrado superar la fractura entre escuela y hogar, a reducir dolorosas cifras de una contundente realidad: 86 mil mujeres de 24 años ni trabajan ni estudian; hay 14 mil varones en igual situación, 52 por ciento de jóvenes que no pueden entender lo que leen y el 64 por ciento tiene dificultades para resolver planteos básicos en matemática, según datos del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).En 2011, se graduaron en la secundaria 30 mil alumnos menos que en 2003 y aumentó la cantidad de migraciones a la escuela privada.Todos los años, en provincia de Buenos Aires (38 por ciento de la población escolar de Argentina) 150 mil chicos dejan la escuela.Mediciones a través del sistema Pisa demuestran que, después de una década de estancamiento, mientras América latina mejoró, nosotros estamos casi igual que en 2000.Brasil, Chile, México y otros países vecinos han atacado el problema a partir de la idea de escuelas más fuertes, con más derechos y responsabilidades, con ministerios más potentes, con mayor legitimidad técnica y capacidad de acompañamiento a las escuelas, también según Gabriel Iaies. Nosotros, en cambio, tenemos un Ministerio sin escuelas y sin proyectos. Pobreza En 2001, el monseñor Carmelo Giaquinta –por entonces obispo de Resistencia– decía: "La falta de educación en la Argentina es una pobreza evidentísima de repercusiones brutales...", y pobreza significa desigualdad, marginación, falta de oportunidades y sus consecuencias. "Las estadísticas muestran una correlación importante entre falta de terminalidad de la secundaria y empleo informal y pobreza", apunta Iaies. Por eso, resulta urgente, desde la educación, cultivar todo en el hombre, su voluntad, su pensamiento, sus virtudes, su moral, el respeto por los demás, la cultura del trabajo y del estudio, su libertad, sus sueños, pues nada de eso aún hemos "ganado".Al contrario, la falta de políticas educativas coordinadas entre Nación y provincias ha sido la característica. Pese a la asignación universal por hijo y otras ayudas, no se logró bajar la tasa de fracasos.Esa función de inexcusable responsabilidad estatal ha sido, es, una de las graves falencias que desmienten crudamente el relato de "década ganada". Falta de calidad Nos cuesta salir de un sistema educativo agotado, populista, demagógico, que expulsa más que "incluye" a los chicos, jóvenes/ciudadanos, que en algún momento deberán asumir responsabilidades para las que no los hemos preparado. Los programas actuales no garantizan calidad ni perspectiva para tal responsabilidad. Un proverbio árabe dice: "El niño es el padre del hombre". Es imprescindible la implementación de políticas y programas educativos de largo plazo que, más allá de los gobiernos, centren sus objetivos en ese niño/padre del hombre, en su interés, su formación, sus capacidades, sus proyectos, su futuro.Fortaleciendo, capacitando, valorando la tarea docente, dándoles los instrumentos para ello, pero también los derechos, las obligaciones, la autoridad, el respaldo necesario para el perfeccionamiento y la concreción de aquellas políticas.Ciertamente que trasnochados proyectos –como la eliminación de los aplazos, el final del reprobado o el de poner al frente de las salas de 4 y 5 años a maestros sin título, poco y nada aportan a las necesidades que la realidad educacional y nuestros hijos exigen, aun cuando "Sarmiento y Almafuerte tampoco eran docentes", como dice Luis D'Elía.Tan miserable y opaca visión de la importancia que la educación tiene para el desarrollo y crecimiento de los pueblos se estrella contra lo que estudios y estadísticas serias demuestran claramente y que se hace necesario –y cada vez más difícil– revertir.Hablando de Sarmiento, record emos un pasaje de su mensaje al Congreso en 1870: "La palabra democracia será una burla si el Gobierno que en ella se funda no se propone formar un ci udadano moral e inteligente".

