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Grave crisis con China

El Gobierno nacional carece de una política exterior coherente, que incluya como prioridad las relaciones comerciales con el mundo. La crisis requiere una decisión justa para los intereses del país.

07 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Grave crisis con China

L a decisión de la República Popular China de imponer trabas a las importaciones argentinas de aceite de soja crudo ha creado una delicada situación diplomática y da pie a múltiples lecturas en el plano interno. Lo cierto es que ha quedado demostrado, una vez más, que el gobierno de Cristina Fernández carece de una política exterior clara y coherente, uno de cuyos aspectos principales son las relaciones comerciales con el resto del mundo.

Si consideramos que China es el principal destino de la soja y sus derivados -en 2009, el 76 por ciento del aceite crudo importado por el país asiático fue de la Argentina-, se tiene una idea de la dimensión del problema. El canciller Jorge Taiana le expresó al embajador chino Ganz Zeng el malestar y desagrado del Gobierno argentino por ese virtual bloqueo y le pidió una revisión de la medida. Ahora, todo queda en el plano de las negociaciones.

Una alta fuente del Gobierno nacional había dicho: "China quiere negociar la protección comercial que impusimos a ciertos productos chinos, pero nosotros no queremos levantar esas medidas antidumping que están reconocidas por la Organización Mundial de Comercio (OMC) y que son el reaseguro del mantenimiento de miles de fuentes laborales en ciertos sectores". Según las autoridades, incluyen unos 600 mil puestos.

El funcionario se refería fundamentalmente a las industrias del calzado y textil, muy golpeadas por la entrada en gran escala de manufacturas chinas que se venden en el mercado interno a precios mucho más bajos que los fabricados en la Argentina. Podría interpretarse, entonces, que la decisión china fue una especie de represalia a trabas similares impuestas por nuestro Gobierno a determinados artículos chinos.

Se trata de una cuestión compleja, que no puede ser dejada en manos de las cámaras empresarias o los grupos de presión, aunque estos tienen que ser escuchados. Las decisiones de fondo deben ser tomadas por el Gobierno, con aval del Congreso, sopesando todas las alternativas y los riesgos que se corren.

Es verdad que la entrada de productos chinos puede perjudicar a determinadas industrias, pero también es cierto que el bloqueo de China al ingreso de aceite de soja podría significar para nuestro país pérdidas por unos 1.600 millones de dólares en las ventas externas, 560 millones de los cuales suponen ingresos para el fisco por el derecho a las exportaciones ("retenciones").

Ambas verdades tienen que ser puestas en los dos platillos de la balanza, para adoptar una decisión equilibrada, justa, que contemple los intereses del país.

La Presidenta hizo mal en suspender su visita a China en enero último y haría muy bien en realizarla en junio, como lo ha sugerido ahora, para recuperar el tiempo perdido. Antes de que sea demasiado tarde.