Gobernar desde la oposición
En España, el socialismo (Psoe) y los populares (PP) se alternan en el gobierno desde la caída del franquismo, hace ya más de 30 años. Julio César Moreno.
E n países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, España o Chile, existe lo que historiadores y cientistas políticos llaman "bipartidismo imperfecto", en el que predominan dos partidos o coaliciones que se alternan periódicamente en el gobierno, pero que deja lugar a terceros o cuartos partidos menores, que pueden integrarse a una coalición gubernamental o permanecer en la oposición, o también estar a la cabeza de gobiernos regionales o municipales. El bipartidismo puro sólo existe en Estados Unidos, donde demócratas y republicanos se suceden de modo regular en el poder y son los únicos partidos representados en ambas cámaras del Congreso. En Gran Bretaña, en cambio, existe un tercer partido, el Liberal Demócrata, que participa como socio menor en el actual gobierno conservador, mientras que la oposición es ejercida con exclusividad por el laborismo. Y en Alemania, por debajo de los dos grandes partidos –socialdemócratas y democristianos– hay dos fuerzas en alza: los verdes y "Die Linke" (La Izquierda), esta última integrada por neocomunistas de la ex Alemania del Este y una corriente venida del viejo tronco socialdemócrata.En España también hay dos grandes partidos –el socialismo (Psoe) y los populares (PP)– que se alternan en el gobierno desde la caída del franquismo y la irrupción de la democracia, hace ya más de 30 años. Jorge Semprún dijo que la transición a la democracia fue la mayor contribución que hizo España a la cultura política de nuestro tiempo, una cultura hecha de la diversidad y el pluralismo, ya que junto al Psoe y al PP hay fuerzas como Izquierda Unida, el Partido Nacionalista Vasco y Convergencia y Unión, de Cataluña. En cambio Italia, que durante las cuatro décadas que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial fuera uno de los laboratorios políticos, sociales y culturales más importantes de Europa y el mundo, hoy se encuentra en una decadencia que aún no ha tocado fondo, a merced de un pagliaccio (payaso) como Silvio Berlusconi, que representa la antítesis de la añorada Italia de la posguerra, la de Federico Fellini y Luchino Visconti, la de Marcello Mastroianni y Sofía Loren, la de la Democracia Cristiana y el Partido Comunista (PCI).Durante aquellas décadas, los democristianos siempre estuvieron al frente del gobierno, y los comunistas, en la oposición. Una vez, el líder histórico del PCI, Palmiro Togliatti, fue apremiado por militantes del partido –que acababa de ganar una elección parlamentaria–, para plantearle que el PCI debía ser gobierno. Togliatti, después de una larga pausa, respondió: "Camaradas, hay que saber gobernar desde la oposición". ¿Entenderían esta frase los políticos opositores de la Argentina, de que es posible gobernar desde la oposición, sin necesidad alguna de entrar en los despachos oficiales u ocupar ministerios? Claro que, en esta concepción, el verbo gobernar tiene otro sentido: el de señalar rumbos a una sociedad, antes que hacer uso y abuso del poder.

