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Gestos y recambios para fortalecer el proyecto

Cristina Fernández hace pasar todo por su liderazgo, aun a riesgo de convertir los mo-dos de la democracia interna en una formalidad sin importancia. Fernando Micca.

06 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Gestos y recambios para fortalecer el proyecto

Sin rodeos, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, sigue tallando el perfil de su proyecto y de la estructura política a su cargo. La decisión sobre candidaturas en distritos clave y el espacio abierto a los jóvenes de La Cámpora, en desmedro de los aparatos partidario y de la CGT, son elocuentes. Néstor Kirchner no había llegado a tanto. Con la "concertación plural" y un módico empuje al kirchnerismo puro, el ex presidente se había propuesto superar la estructura del Partido Justicialista y neutralizar a los caciques del conurbano bonaerense. La política real y las urnas desfavorables de 2009 lo hicieron desandar el camino y terminó recostándose en el partido y en la CGT. Ya sin la tutela de su esposo, Cristina Fernández puso primera de nuevo. Con mano firme, hace pasar todo por su liderazgo, aun a riesgo de convertir los modos de la democracia interna en una formalidad sin importancia. El dedo de Cristina. En la Capital Federal, Daniel Filmus, Carlos Tomada y Amado Boudou hicieron campaña como si fueran a competir en una interna por la candidatura a jefe de Gobierno de la ciudad. Los tres terminaron agachando la cabeza frente a la única electora, que ni siquiera tiene domicilio en ese distrito. Y Cristina ungió a Filmus. Luego, impuso a Gabriel Mariotto, el leal soldado de las comunicaciones, como candidato a vicegobernador de Daniel Scioli en Buenos Aires. El mandatario provincial debió soportar la ironía de su propio hermano José –ahora en la vereda de Francisco de Narváez y de los radicales–, quien se preguntó: "¿Qué se puede esperar de un gobernador que no puede ni elegir a su vice?" En la Capital Federal, el judicial Julio Piumato fue el primero en expresar el descontento que Hugo Moyano prefiere no mostrar, al decir que "no se tuvo en cuenta en las listas el compromiso del movimiento obrero con el Gobierno". También Luis D'Elía se quejó de que los movimientos sociales fueron desplazados en las candidaturas. Además, en los últimos días, la Presidenta dio el golpe más fuerte al relegar a sindicalistas, gobernadores, diputados y dirigentes del PJ de numerosas provincias en las listas de candidatos a diputados nacionales, para poner a los jóvenes que defienden su causa, muchos de ellos sin poder territorial ni prestigio y de reciente militancia. Es más, los referentes provinciales debían elevarle la nómina de quienes querían llevar en sus listas, para que ella, con el leal Carlos Zannini como mensajero, utilizara el lápiz para tacharlos. Con el PJ cordobés, no pudo imponer el vicegobernador y los puentes están minados. Objetivos. El propósito de Cristina Fernández no es sólo decidir el candidato al Poder Ejecutivo de cada provincia sino que su empeño está en asegurarse la mayor cantidad de bancas posibles en el Congreso, en el que no quiere sufrir problemas de gestión; y, de paso, condicionarle la gobernabilidad a Scioli, copándole la Legislatura bonaerense. Seguramente procura profundizar el perfil progresista y dar señales de recambio generacional, al asignar prioridad a los jóvenes militantes y tomar distancia del aparato "pejotista" y de los caudillos sindicales, que espantan el voto de sectores medios e independientes. Pero la movida puede trascender las necesidades de campaña. La mandataria proyecta un peronismo con un cierto compromiso social, que muchos de sus jerarcas han olvidado hace tiempo. Al menos en el relato, sugiere una cultura que rescata valores, luchas y reivindicaciones, lo que no moviliza a otros de su propio partido. El riesgo está en que estas posturas no contienen a todo el peronismo, inclusive a muchos que por ahora guardan silencio. Cómo se dirimirá la cuestión es la historia que viene.