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Escuela y autoridad

La autoridad pedagógica debe fortalecerse con el fin de superar el malestar que hoy se vive en las escuelas y que está produciendo importantes niveles de ausentismo entre los docentes y trastornos de salud mental.

26 de julio de 2013 a las 02:00 p. m.
Escuela y autoridad

Las distintas y complejas situaciones de la vida cotidiana de las escuelas –como la violencia, el acoso escolar, la discriminación, el consumo de sustancias problemáticas, el ausentismo de los estudiantes, el bajo rendimiento académico, la repitencia, etcétera– ponen en cuestión el tema de la autoridad en la escuela. Algunas voces plantean la necesidad de recuperar los principios de autoridad de otras épocas, donde los problemas se resolvían –dicen– en forma más práctica: amonestaciones (estas "nacen" en 1943, para reemplazar el castigo corporal), claustros, expulsión. De esta manera, el ejercicio de la autoridad significaba en muchos casos estudiantes que terminaban fuera de la escuela. Esta había ejercido la autoridad; el "problema", pues, ya no estaba en la escuela.La obligatoriedad, particularmente de la escuela secundaria que se transforma en tal desde 2006, y las políticas de inclusión, con planes y programas que intentan que más estudiantes ingresen y permanezcan en la escuela, ponen nuevamente la mirada sobre la autoridad. Cambio de paradigma. Hay hoy una fuerte relación entre autoridad y crisis de la institución escuela; los adultos padecen, porque su lugar aprendido como alumno/a ya no ofrece respuesta a las nuevas y complejas realidades. Los estudiantes, por su parte, estarían sufriendo también este no encontrarse de los adultos. El sociólogo Alain Ehrenberg sostiene que asistimos a la reducción del poder disciplinario y a la omnipresencia de la iniciativa personal. El paso de la sociedad de la disciplina a la sociedad del control pone en crisis el concepto tradicional de autoridad, los cambios en sus modos de construcción, que se transforman ya no en "experiencia adquirida", en un "saber hacer" dado por los años, por rituales y por normativas institucionales. Esta realidad hace necesario reflexionar y estudiar sobre la autoridad pedagógica, la que debe fortalecerse con el fin de superar el malestar que hoy se vive en las escuelas y que está produciendo importantes niveles de ausentismo entre los docentes y trastornos en su salud mental, como lo es el "síndrome de cabeza quemada". Iniciativas. Para pensar una nueva forma de autoridad –de autoridad pedagógica– es necesario desarmar los viejos conceptos que tenemos anclados sobre ella y considerar, entre otras, la necesidad de la siguientes acciones: 1) Reponer la autoridad en la escuela, sin quitarnos a nosotros mismos de la reflexión, de la revisión, de la interrogación de nuestras prácticas; 2) construir colectivamente otra posición docente, basada en las diferencias, pero no en diferencias jerárquicas ni instituidas, sino producidas en una escuela en situación; 3) apostar a la hospitalidad entendida como el principio de recibir y dar acogimiento; la hospitalidad se define como lo que cuestiona nuestros saberes, nuestras certezas, nuestras legalidades; 4) acompañar, una autoridad que haga experiencia del no control, que no es lo mismo que el descontrol, construyendo confianza sobre nuestros estudiantes; 5) pensar, en definitiva, la autoridad como movimiento, como deseo, singularidad y entendimiento. A modo de colofón y de ¿consuelo?, tal vez sirva reconocer que la destitución de la autoridad no sólo afecta a las escuelas.