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En llamas

La hora actual es crucial. Es tiempo de sacar de adentro –dirigentes y sociedad– el fuego sagrado que nos entusiasme con propuestas realistas.

19 de octubre de 2013 a las 12:02 a. m.
Rafael Velasco*
En llamas

El fuego –se sabe– es metáfora de otras cosas. Por lo general, se habla de que alguien tiene fuego interior, cuando transmite, entusiasma, cuando tiene pasión. Este primer tipo de fuego es el que contagia, alienta, da calor, genera comunidad y transmite entusiasmo. Es un fuego que ayuda y protege contra el frío de la indiferencia, la desolación, la desesperanza. Pero hay otro fuego, que destruye, que calcina, que arrasa todo a su paso.En Córdoba, hemos sufrido este fuego, literalmente, por la destrucción enorme que ha traído y su carga de tristeza y frustración. Lamentable por lo que arrasó y –también simbólicamente– porque ha devorado hectáreas de trabajo y de confianza.Ese fuego continúa ardiendo: el escándalo de los narcopolicías, el creciente conflicto que afecta al Poder Judicial, la situación de Malvinas Argentinas por el incumplimiento de leyes que están para proteger a los ciudadanos de la contaminación –por poner ejemplos locales– es un fuego que devora la confianza y mina las posibilidades de convivencia.Y a nivel nacional, el agite de rivalidades, la negación de la realidad de pobreza y exclusión que padecen millones de ciudadanos, la lógica de amigo-enemigo que tanto daño nos ha hecho y nos sigue haciendo, la corrupción y las confrontaciones que agudizan rencores y hostilidades son llamas que destruyen.Todo esto no es casual. Hay responsables que avivan el fuego. Y la primera responsabilidad es de los gobiernos –en sus tres poderes– que no pocas veces, por beneficiar intereses económicos y partidarios, falsean la verdad, incumplen la ley y dejan de lado los intereses de las grandes mayorías. La saga de Chevron –a nivel nacional– y de Monsanto –a nivel provincial– son dos ejemplos claros.Tampoco ayuda –todo hay que decirlo– cierta dirigencia social que recurre a la acción directa y el apriete como único método. Pocas cosas constructivas salen de violentar la ley.La política y la vida social de los argentinos últimamente está en llamas. Todo sea por los votos, por sacar réditos electorales.El fuego de la pasión que entusiasma y congrega parece estar ausente en estos tiempos políticos electorales. Se aviva el otro, como si de las llamaradas del agravio, la represión y la violencia pudiera salir algo bueno. Eso sólo trae destrucción.

Hay que elegir

Por eso, en los momentos de crisis hay que tener en claro qué fuego alentar. O el fuego de la pasión por la justicia y la equidad, por la fraternidad, aun a pesar de las profundas diferencias; o el otro, el que destruye, desune y siembra desolación y desesperanza. Nuestra dirigencia tiene una enorme responsabilidad: o alienta un fuego o el otro.

La hora actual es crucial. Es tiempo de sacar de adentro –dirigentes y sociedad– el fuego sagrado que nos entusiasme con propuestas realistas, con honradez, con compromiso por una sociedad más justa.

De lo contrario, seguiremos consumiéndonos en las llamas de la mezquindad, los intereses sectoriales y el rencor.

*Rector de la Universidad Católica de Córdoba