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El Papa apuesta por la periferia

La cuestión, por tanto, no era sólo reequilibrar geográficamente, sino también acercarlo a la calle, alejarlo del Vaticano y de las luchas de poder.

15 de enero de 2014 a las 01:00 p. m.
Pablo Ordaz*
El Papa apuesta por la periferia

El papa Francisco no se cansa de repetir que quiere una Iglesia orientada hacia “las periferias del mundo”, dirigida por pastores con “olor a oveja”. Sin embargo, en números redondos, de los 120 cardenales electores –menores de 80 años–, 60 son europeos y, de ellos, la mitad son italianos. O sea, pertenecientes al viejo Primer Mundo y arremolinados en torno al poder viciado del Vaticano.

De ahí que Jorge Bergoglio lanzara un mensaje muy nítido de cambio de rumbo. De los 12 primeros cardenales electores que nombra –descontados los tres eméritos y los cuatro pertenecientes a la curia–, nueve proceden de Latinoamérica, África y Asia. La mayoría de ellos tiene en su currículum muchas horas de parroquia o de misión; sólo hay un teólogo de profesión y no parece que las tradicionales luchas de poder entre congregaciones hayan tenido nada que ver (tal vez por primera vez) en los nombres elegidos. Además, Francisco regala a Haití, la periferia de las periferias, su primer cardenal de la historia.

Europa, en cambio, sale mal parada. Salvo los cuatro nuevos cardenales de la curia –tres italianos y un alemán–, el Papa sólo eligió a dos nuevos purpurados europeos: el arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, y al italiano Gualtiero Bassetti, arzobispo de Perugia.

Una vez descontados los cardenales eméritos, los 16 restantes se dividen en dos grupos, los cuatro jefes de departamento de la curia vaticana y los 12 residenciales. Entre los cuatro nuevos cardenales del poder vaticano no hay sorpresas.

El Papa convertirá en cardenal a su secretario de Estado, Pietro Parolin; al secretario general del sínodo de los obispos, Lorenzo Baldisseri; al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, y al prefecto para la Congregación para el Clero, Beniamino Stella.

La inercia de la Iglesia no permite volantazos, pero Francisco parece dispuesto a corregir el rumbo. La prueba está en que, a pesar de la escasa capacidad de maniobra –el límite de cardenales electores está en 120 y ahora hay 123, aunque algunos a punto de cumplir los 80–, el Papa quiso reequilibrar el poder en beneficio del sur.

Así, el próximo 22 de febrero recibirán el birrete cardenalicio los arzobispos de Managua, Leopoldo José Brenes Solórzano; de Río de Janeiro, Orani João Tempesta; de Santiago de Chile, Ricardo Ezzati Andrello, y de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli. También el arzobispo Chibly Langlois, presidente de la conferencia episcopal de Haití, justo cuatro años después del terremoto que acabó con la vida de 300 mil haitianos y dejó sin vivienda a más de millón y medio. Además, Francisco quiso poner el acento en África y en Asia, nombrando cardenales a arzobispos de Burkina Faso, Costa de Marfil, Corea del Sur y Filipinas.

Salvo en el caso de Gerhard Ludwig Müller, un teólogo reconocido, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el resto de los nuevos cardenales tiene un perfil más parecido al callejero Bergoglio que al exquisito Ratzinger.

Al arzobispo de Río el nombramiento lo sorprendió celebrando misa en una comunidad deprimida y sus primeras palabras fueron de recuerdo a Helder Cámara, figura clave de la Teología de la Liberación. Entre los nuevos cardenales hay también quienes, como el canadiense Gerald Cyprien Lacroix, tienen largos años de experiencia misionera.

La cuestión, por tanto, no era sólo reequilibrar geográficamente el consistorio, sino también acercarlo a la calle, alejarlo del Vaticano y de las luchas de poder entre las organizaciones más influyentes de la Iglesia.

*El País, de Madrid