El diálogo social, sólo con objetivos específicos
Si los adversarios están descolocados y sus acciones tienen baja repercusión, ¿para qué darles una mayor consideración ante la sociedad? Fernando Micca.
La convocatoria del Gobierno nacional al diálogo entre actores del ámbito socioeconómico y el intento de una nueva relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) insinúan un cambio en la marcha del oficialismo. Pero con la oposición política no hay ni siquiera indicios de diálogo, sino confrontación permanente. Es decir que el cambio es parcial, orientado a cumplir objetivos precisos y determinados. Esto puede descomprimir ciertas tensiones, pero no cambiará cuestiones de fondo de cara a un tiempo electoral que seguramente profundizará las discusiones. "Hay indicios de que (la Presidenta) está reconociendo la realidad", sostienen parlamentarios justicialistas críticos del kirchnerismo; una realidad que, a criterio de ellos, reclama distensión y dialogo.El llamado a formar una mesa tripartita entre empresarios, sindicalistas y Gobierno se orienta a luchar contra la inflación, que preocupa más de lo que se quiere admitir. El propósito es que esa mesa induzca a acuerdos marco que moderen tanto los reclamos salariales como la suba de precios. Es decir, empuja a patrones y gremialistas a compartir la responsabilidad por la estabilidad de precios, además de marcarle, de manera disimulada, ciertos límites a su aliado sindical, Hugo Moyano.No renegará el Gobierno de su propio protagonismo con sentido social, como lo demostró Cristina Fernández al anunciar el refuerzo de 500 pesos para los jubilados nacionales, a pagar el mes próximo; pero abre el juego a sectores sociales influyentes. Al Fondo. Otro dato de flexibilidad es la convocatoria al FMI. Detrás del planteo de que el organismo de crédito ayudará a establecer nuevos mecanismos para medir la inflación, se abren las puertas a un monitoreo indirecto de las cuentas públicas, que facilite el acuerdo para cancelar la deuda en default con el Club de París. En 2006, la Argentina canceló un pasivo de 9.500 millones de dólares con el Fondo y ahora encara el pago de 7.600 millones de dólares al Club de París, aunque no lo hará en una sola entrega, como se había dicho en un principio. La idea es no postergar más el desendeudamiento y la normalización de las relaciones con los organismos de crédito. No renuncia el Gobierno a su discurso de independencia de la banca internacional, pero procura una vía elegante para retomar los vínculos. Si sólo se tratara de reorganizar el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), no hubieran hecho falta las tratativas reservadas que días atrás efectuaron en Washington los ministros Amado Boudou y Héctor Timerman. Confrontación. Adonde no llega la apertura es al ámbito político. No habrá diálogo ni acercamiento con la oposición. Sólo la convivencia imprescindible –disputas mediante– en el Congreso, donde ya no quedan mayorías excluyentes. Esa decisión fue ratificada cuando se debatió el presupuesto 2011. El oficialismo no admitió siquiera cambios menores, que le hubieran permitido montar la escena de un diálogo. No lo quería. De paso, el empantanamiento del proyecto de presupuesto en el Congreso lo favoreció. El Gobierno repetirá el presupuesto 2010, tendrá miles de millones de pesos para manejarse a discreción, porque no están presupuestados, y continuará con los superpoderes. Como si esto fuera poco, hasta jugó a victimizarse frente a la intransigencia opositora. La idea que cultiva es seguir tirando de la cuerda a partir de ciertos datos que se manejan como certezas. El kirchnerismo se siente fortalecido y entiende que genera expectativas sobre los pasos que va dando tras la muerte de su líder, Néstor Kirchner. Considera que la oposición no peronista atraviesa su peor momento en el último año y medio, con el Acuerdo Cívico fracturado, la UCR en crisis en el Congreso y una llegada cada vez menor a la sociedad. Y estima que la oposición peronista tampoco asoma como alternativa, porque no logra unificar personería; menos aún luego del alejamiento de Carlos Reutemann.Si los adversarios están descolocados y sus acciones tienen baja repercusión, ¿para qué darles una mayor consideración ante la sociedad? Si se los combatió con esmero en su mejor momento, ¿por qué cambiar ahora, cuando los opositores están desorientados? Más aún cuando llegan meses electorales en los que la confrontación será el pan de cada día.Es probable que los próximos pasos de Cristina Fernández despejen más dudas. Por ahora, hay una apertura y un diálogo lanzados con límites concretos. Tienen alcance social y buscan acordar con factores de poder con representación sectorial. De diálogo político, ni hablar. Con las otras fuerzas sólo habrá confrontación.

