El cristinismo juega mucho ante Macri
La elección del jefe de Gobierno de la Capital Federal tiene todos los condimentos necesarios –menos uno– para ser un buen indicador de la adhesión que despierta el proyecto de la Casa Rosada. Carlos Sacchetto.
La militancia cristinista –entendemos por ella a la agrupación juvenil La Cámpora, sus organizaciones aliadas y la prédica de los medios públicos y privados financiados por el Estado– tendrá este domingo su primera prueba de fuego. La elección del jefe de Gobierno de la Capital Federal tiene todos los condimentos necesarios –menos uno– para ser un buen indicador de la adhesión que despierta el proyecto de la Casa Rosada. Lo que le falta es la participación directa de la Presidenta en la compulsa electoral. Pero todo lo demás será igual a que cuando Cristina Fernández encabece su lista en las primarias del 14 de agosto.El distrito capitalino es la principal caja de resonancia de la política y el lugar donde más fácilmente se nacionalizan los conflictos. El electorado porteño siempre ha tenido conductas cambiantes a la hora de expresarse en las urnas, pero es una referencia ineludible para evaluar aceptaciones y rechazos. También es cierto que Daniel Filmus no es Cristina, pero ella lo nominó personalmente y todo el aparato propagandístico oficial se alineó detrás del candidato. Costos y beneficios. El adversario por vencer tiene un fuerte significado simbólico. Mauricio Macri representa, en el ideologizado pensamiento cristinista, a "la derecha conservadora" y a "los grupos concentrados de poder". En ese plano, la confrontación con Macri ha sido más feroz que con cualquier otro sector político. Si el jefe del PRO obtuviera más del 40 por ciento de los votos –lo que le daría la posibilidad de ganar con cierta comodidad la segunda vuelta–, ¿podrá el Gobierno nacional justificar la derrota sólo argumentando el cambiante humor de los porteños?Por el contrario, y como corresponde a dos proyectos tan antagónicos en lo ideológico, si el triunfador fuese Filmus, el macrismo desaparecería como proyecto nacional y la oposición política se reduciría más aún. Pero no necesariamente el camino se despejaría de obstáculos para las fuerzas de Cristina. Le quedará por delante, cualesquiera fueran los resultados electorales, la gran batalla interna desatada por el recambio generacional que emprendió la Presidenta y que destiñe al peronismo clásico.Las elecciones en los distritos, las primarias obligatorias de agosto y la presidencial de octubre fuerzan a los principales dirigentes peronistas que hasta ahora apoyan al Gobierno a presentar sus quejas en un bajo tono o con significativos silencios. Pero tarde o temprano querrán cobrar la deuda porque, según afirman en privado y con resentimiento, "estos sapos no se tragan gratis". En el sindicalismo están quizá los mayores reclamos. Las respuestas de que dispone el líder de la CGT, Hugo Moyano, no alcanzan para serenar los ánimos. Le facturan al camionero no haber presionado lo suficiente para que Cristina no los ignorara a la hora de conformar las listas electorales. Ella misma se encargó de ubicar a jóvenes de La Cámpora en los lugares que teóricamente hubiesen correspondido a gremialistas. "Es injusto, nosotros hace ocho años que sostenemos al Gobierno", repiten desilusionados desde la CGT. Cuestiones estéticas. Un ex legislador que compartió cercanía y amistad con Cristina cuando transitaban juntos el Congreso no se sorprende por la actitud de la Presidenta. "Siempre tuvo cuestionamientos ideológicos para los sindicalistas, pero también los rechaza hasta por su estética", afirma. Sea o no correcta la apreciación, el "ninguneo" sucedió. De todos modos, ni en el Gobierno ni en los gremios esperan mayores enfrentamientos, al menos hasta la elección de octubre. En la Casa Rosada, se empeñan en asegurar que "no hay ningún compromiso asumido por la Presidenta". Pero es un secreto a voces que gestiones oficiales han puesto freno de mano a las causas penales que tiene Moyano en Tribunales. "Esa es la zanahoria que le colocaron para llegar a octubre sin conflictos", sostiene un lúcido conocedor del mundo sindical.El otro frente interno que representa una amenaza latente para el cristinismo es el peronismo político. Allí se concentran los que quedaron marginados de las listas y quienes no están ya dispuestos a seguir en una actitud pasiva de subordinación a la Casa Rosada. En el primero, están los jefes territoriales, grandes y chicos, en especial de la provincia de Buenos Aires. Son los que movilizan muchos de los votos necesarios para que Cristina sea reelegida. Lo que harán es por ahora impredecible.En el segundo grupo, se alinean quienes abrigan ilusiones presidenciales para 2015 y otros que ya han dado señales de resistencia. El gobernador de Salta, Juan Urtubey; el renunciante candidato a gobernador de La Pampa, Carlos Verna, y el postulante a la gobernación de Córdoba, José Manuel de la Sota, este último en caso de ganar el 7 de agosto, tendrán por delante un desafío nada fácil: demostrar desde dentro del poder que el peronismo sigue vivo.

