Una perversa ambigüedad
Con la sanción de la llamada ley antiterrorismo, el kirchnerismo, confrontativo y revanchista, se ha dado una peligrosa herramienta en nombre de una finalidad loable.
Como si la Argentina fuera una lejana colonia de un imperio dieciochesco, el Gobierno nacional ha respondido con excesiva generosidad represiva los reclamos del Grupo de Acción Financiera Internacional (Gafi), cuya misión es luchar contra el narcotráfico y el narcoterrorismo. En forma reiterada, había instado a nuestro país a reprimir el lavado de dinero que realizan las organizaciones delictivas y subversivas en naciones sumamente permisivas. Entre ellas figuraba la República Argentina.En junio, el grupo oficializó su evaluación de que la Argentina lleva un rumbo errante en la lucha contra el lavado de dinero y la financiación del terrorismo internacional, y la incluyó en un listado de países con "deficiencias estratégicas en esta materia". Dispuso, además, evaluar cada tres meses la calidad de nuestros controles del tráfico de dinero. En un intento por contener su creciente descrédito internacional, el kirchnerismo hizo votar el jueves último un proyecto de ley basado en las reclamaciones del Gafi. Según el texto, que ese día recibió sanción definitiva, se penalizan con mayor severidad "las actividades delictivas con finalidad terrorista" y se incorporan al Código Penal cinco nuevos delitos: uso indebido de información privilegiada de empresas que cotizan en Bolsa, captación fraudulenta de ahorros públicos, cohecho financiero, manipulación de valores negociables y captación de ahorros.Respecto del antiterrorismo, duplica las penas para quienes "directa o indirectamente" financien el terrorismo y actividades afines. Así se reprime algo, el terrorismo, que nunca fue definido en forma taxativa y, por consiguiente, permite a un gobierno condenar como terrorista hasta formas primitivas de oposición. ¿Un reciente ejemplo? En el canje de un millar de palestinos por un soldado israelí se contaban menores de 12 años, acusados de terrorismo por haber atacado con piedras a blindados del Tsahal.La nueva ley es de una ambigüedad perversa. Puede volverse contra el propio Gobierno, que se caracteriza por la incautación de ahorros del sistema de jubilación por capitalización y, a cambio de bonos, se apropia de recursos genuinos de las provincias, de la Anses, de la Lotería Nacional y Casinos, etcétera. Todo legalmente, porque ahora cuenta con mayoría automática en el Congreso.La letra de la ley se dirige contra quienes ingresan dinero sucio en el ámbito bursátil. Pero el problema es que el espíritu puede moldear las letras como plastilina. El siniestro Joseph Fouché solía decir, como demostración de su capacidad para transformar en delincuente a un inocente: "Escriba en este papel una palabra cualquiera y yo le demostraré que es culpable de un delito cualquiera". El kirchnerismo, confrontativo y revanchista, se ha dado una peligrosa herramienta en nombre de una finalidad loable.

