Una aspiración en decadencia
Los argentinos tienden a calificarse como sujetos de clase media, ya sea por valores económicos, sociales o culturales, pero esa identificación no se condice con los parámetros reales.
Las encuestas de opinión pública –como la realizada recientemente por una consultora– revelan que más del 80 por ciento de los argentinos se considera de clase media. Esta valoración tiene en cuenta un componente económico, pero incluye también una identificación social y cultural surgida hace más de medio siglo, cuando enormes sectores populares lograron mejorar su estándar de vida. El país alcanzaba indicadores superiores en relación con los de países vecinos.Hoy, los parámetros se modificaron. Si se toma el nivel de ingresos, el economista Orlando Ferreres señala que, de acuerdo con los datos de la mencionada encuesta, el 47 por ciento de la población tenía ingresos medios que oscilaban entre 6.700 y 33 mil pesos mensuales a fines de 2013.Los sectores populares –que representaban otro 47 por ciento– percibían, en cambio, menos de 6.700 pesos por mes, mientras que el grupo más rico tenía ingresos superiores a 33 mil pesos y alcanzaba a menos del siete por ciento.Dentro del núcleo de las clases sociales más vulnerables, casi el 28 por ciento está sumergido en la pobreza, según el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina.En definitiva, las cifras que surgen de la calificación por los ingresos y por otros factores patrimoniales –como la propiedad de un inmueble, de un automóvil o indicadores similares– muestran un empobrecimiento relativo, ya que se redujo en forma notable el sector medio, que décadas atrás oscilaba entre el 50 y 60 por ciento de la población. Al mismo tiempo, se mantiene alto el nivel de pobreza.Lo curioso del informe es que cuando se le pregunta a un individuo a qué nivel social diría que pertenece, el 81 por ciento se declara de clase media, contra el 47 por ciento que resulta en la práctica si se toman en cuenta sus ingresos. Los que se perciben como clase media baja apenas llegan al ocho por ciento; los de clase baja, más del 10 por ciento. El restante uno por ciento se asume como de clase alta.La degradación no sólo es palpable a partir de las cifras económicas, sino que también se vincula con estándares de conducta en los que se ha multiplicado la transgresión al orden legal.La manifestación más común es la violencia en los distintos espacios sociales. La formación superior o universitaria apenas garantiza el acceso a conocimientos mínimos, hoy insuficientes para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo y desarrollado en nuevas tecnologías.En suma, la degradación que sufre la Argentina desde hace décadas obliga a un replanteo no sólo de metas económicas, sino de pautas en el comportamiento social, en el respeto al orden legal constituido y a profundizar las vías del conocimiento que le permitan recuperar el esplendor pasado.

