Por mal camino
Córdoba seguirá siendo un territorio donde sobreviven centros urbanos condenados al aislamiento crónico, que bloquea su crecimiento socioeconómico, en medio de anuncios electoralistas.
¿Mala noticia para los cordobeses? Depende. Como han padecido y seguirán padeciendo décadas de promesas incumplidas, probablemente ya les quede escaso margen de esperanza y un margen aun menor de credulidad en las promesas de la dirigencia política. Y un margen todavía más pequeño, si las promesas se diseminan en las proximidades de elecciones de renovaciones de mandatos de los poderes representativos. Para contribuir a la decepción general, crecen con ímpetu los anuncios de obras públicas reclamadas desde muy antiguo por las poblaciones de la ciudad Capital y del interior, porque las reformas de las constituciones Nacional y provinciales implantaron los mandatos cuatrienales, que han transformado a la práctica política en una especie de proselitismo permanente. Todo cuanto hacen o dejan de hacer los partidos tiene un indisimulable sentido electoralista, despeñado en un crudo clientelismo si están instalados en los escalones superiores de la administración y de los cuerpos colegiados representativos de la voluntad popular. Lo más grave de todo este proselitismo de incontrolable incontinencia verbal (León Trotsky hablaba de revolución permanente, los políticos argentinos sólo pueden hablar de promesa permanente) es que gobernantes y opositores parecen creer realmente en lo que prometen.Lo ha demostrado el estallido temperamental del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, cuando un intendente municipal le recordó que no se cumplió la promesa de una autovía para la zona norte de la provincia, la más postergada. Si en un sistema democrático alguien debe demostrar que posee tolerancia y comprensión por las reivindicaciones y los reclamos de la ciudadanía es precisamente quien ejerce un mandato popular.Es muy fácil sonreír ante las cámaras cuando se recibe el aplauso de individuos arreados por punteros o de escolares obligados a participar.Precisamente con autovías se relaciona la mala noticia. En el Presupuesto para 2011, presentado en la Cámara de Diputados de la Nación por el ministro de Economía, Amado Boudou, no aparece la autovía Córdoba-Río Cuarto, mientras que la de Córdoba-Totoral tiene una partida insignificante. Esas omisiones tienen, al menos, un matiz de sinceridad. No hay promesa de inversión.Ello no implica que esas obras no sean incluidas en el inventario de humo que se ofrecerá a los ciudadanos en la campaña electoral que, a pesar de los términos de proselitismo claramente fijados por la legislación electoral, ya está lanzada.Córdoba seguirá siendo lo que es, un territorio donde se han diseminado centros urbanos que sobreviven condenados al aislamiento crónico y cuyo crecimiento socioeconómico está cada vez más bloqueado por la incapacidad e irresponsabilidad de gobernantes lanzados a un electoralismo permanente.

