Paros docentes, señal de alarma
El año lectivo 2012 ha empezado de la peor manera, ya que no se ha resuelto el problema del atraso salarial de maestros y profesores, lo que a esta altura resulta intolerable.
Con la declaración de un paro nacional docente de 24 horas en todo el país y de 48 horas en la provincia de Buenos Aires, el año lectivo 2012 ha empezado de la peor manera. Es decir, en un estado de conflicto generalizado cuya gravedad no puede ser disimulada, aun en el caso de que dichas medidas de fuerza pudieran ser levantadas por negociaciones de último momento. El problema no es nuevo, ya que el retraso salarial de maestros y profesores se remonta a mucho tiempo atrás y ha terminado por convertirse en un mal congénito de nuestro país, que conspira contra la calidad de la educación y el progreso cultural, económico y social. Otra vez el Gobierno Nacional ha actuado con improvisación y desidia, dejando que llegara el día de inicio de las clases sin haber resuelto esta cuestión.Y no es una cuestión cualquiera, sino una que debería estar entre las prioridades de cualquier gestión gubernamental, tanto a nivel nacional como en las provincias. Pero la responsabilidad es ante todo de la Nación, que maneja los grandes recursos y que ahora pretende usar discrecionalmente de las reservas del Banco Central. En cambio, las provincias están cada vez más apretadas y algunas hasta asfixiadas en sus presupuestos, entre otras cosas por la abultada deuda impaga que aquella mantiene con estas.Contrastan, asimismo, las diferencias abismales que existen entre los salarios de algunos estratos de la administración pública, y se ha llegado al absurdo de que muchos empleados estatales, que no tienen en absoluto la misma responsabilidad que un docente, ganan el doble o el triple que este.Esta situación crea una grave distorsión, ya que la carrera docente carece hoy de estímulos en materia de ingresos, aun entre aquellos que quieren ejercerla por vocación y formación. Cuando se anunció que los sueldos de los legisladores nacionales habían sido aumentados en un 100 por ciento respecto del último mes del año pasado, los docentes –al igual que la mayoría de los trabajadores argentinos– se sintieron humillados, pues tamaña desproporción resulta un despropósito, además de ser totalmente injusta.Y no se trata sólo de los legisladores, ya que hay otros niveles en el Estado donde se han registrado aumentos semejantes. Por otra parte, la presidenta de la República, Cristina Fernández de Kirchner, echó leña al fuego cuando dijo, en su último mensaje al Congreso, que los docentes trabajan cuatro horas por días de lunes a viernes y tienen tres meses de vacaciones.Este argumento, aparte de ofensivo, resulta falaz y habría que preguntarle a la jefa del Estado cuántas horas por día y cuántos días a la semana trabajan los "militantes" que diariamente son nombrados con sueldos varias veces superiores a los de los docentes.

