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No a la discriminación

Los boliches que discriminan a personas no sólo merecen la sanción legal que les corresponde por ley sino también el repudio de toda la sociedad, que no debe tolerar ese tipo de trato.

08 de septiembre de 2013 a las 12:01 a. m.
No a la discriminación

Dos nuevos casos de discriminación en boliches de la ciudad de Córdoba se sumaron a la lista de episodios repudiables en perjuicio de personas a las que se les niega el acceso a esos lugares de esparcimiento por el solo hecho de presentar alguna discapacidad. El ensañamiento no mide fronteras humanas: jóvenes con síndrome de Down o con problemas de obesidad, por citar los casos más denunciados, sufren el destrato de los llamados patovicas, a veces con métodos rayanos en la violencia física.

Antes que nada, es oportuno señalar que se plantea una flagrante contradicción en el proceder de algunos empresarios de la noche: vedan el ingreso a una persona que se mueve con bastón por una patología motriz, pero permiten el ingreso y la venta de bebidas con alcohol a menores de edad, lo que ha derivado en allanamientos a boliches e, incluso, en la detención policial de los responsables de esa grave infracción.

El hecho más reciente y de amplia difusión en los medios de comunicación por presunta discriminación afectó a una joven que padece de síndrome de Prader Willi, una enfermedad congénita que provoca obesidad y otras alteraciones físicas y cognitivas, a quien le negaron el ingreso a un local bailable de Nueva Córdoba.

Términos como “humillación” o “violencia moral” figuran en las declaraciones que hicieron los allegados y familiares de la chica. En otro episodio igualmente reprochable, la víctima de presunta discriminación declaró que cuando se encontraba en la fila para ingresar al local los encargados de la seguridad literalmente la echaron, por ser “renga” y moverse con bastón.

El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) es el receptor de numerosas denuncias por situa­ciones de discriminación que luego son ­ven­tiladas en la Justicia.

Sin embargo, es oportuno preguntarse si no tendría que haber también una reacción solidaria y de repudio de los propios jóvenes que fueron testigos de estos atropellos sin límites. No concurrir a los espacios de diversión nocturna denunciados por prácticas discriminatorias sería una forma de asestarles un duro revés a sujetos habituados a moverse en este negocio en función de conductas selectivas y antidemocráticas.

De hecho, cabe en esto una gran responsabilidad a la autoridad de control: los inspectores del área de la Municipalidad de la ciudad de Córdoba. No sólo para prevenir las restricciones arbitrarias a ciudadanos con discapacidades, sino también para que no se repitan los lamentables escenarios de menores alcoholizados.

Estos métodos de “selección” a los que acuden ciertos empresarios de la noche deben ser desterrados. Es la única forma de evitar que una salida festiva o pensada como simple manera de divertirse no termine enredada en otra crónica por discriminación.