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Más sombras que luces en el Congreso

El balance del período legislativo 2010 deja muchas dudas sobre la consistencia y vigencia del principio republicano de la división de poderes. La fragmentación política es una gran cuestión pendiente.

28 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Más sombras que luces en el Congreso

Ha concluido sin pena ni gloria el año parlamentario 2010 sin que el Congreso Nacional haya debatido y aprobado el Presupuesto 2011, lo que significa que el Gobierno Nacional seguirá apelando a los decretos de necesidad y urgencia (DNU) y a los superpoderes para adoptar decisiones que deberían tener el aval del Poder Legislativo, entre ellas la facultad de modificar o aumentar las partidas presupuestarias. En realidad, era lo que el Gobierno quería; es decir, tener las manos libres para usar los recursos del Estado en un año electoral. Lo demuestra el hecho de que el mismo día que se esfumaba la última posibilidad de debatir la ley de presupuesto en la Cámara de Diputados, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunciaba un nuevo DNU, por el que se dispone un fuerte aumento del gasto público. Si esta decisión es acertada o no sería motivo de una consideración aparte, pero lo cierto es que no fue analizada por el Congreso, lo que hace que éste se convierta en una especie de pieza de adorno en el edificio institucional argentino.A la hora del balance, hay más sombras que luces en el periodo legislativo ya terminado, aunque queden algunas cuestiones pendientes. Sucede que, después de las elecciones legislativas de 2009, en el Congreso Nacional no quedaron conformadas mayorías y minorías sólidas y estables. El kirchnerismo perdió la mayoría en la Cámara de Diputados a manos de partidos opositores que, sin embargo, no constituyeron una verdadera oposición. Y ésta es una distinción muy importante, ya que si bien el oficialismo perdió la mayoría que ostentaba hasta hace dos años, no fue reemplazado por otra mayoría coherente y unificada, sino por una multiplicidad de bloques que no siempre votaban al unísono, como se vio en el trámite del presupuesto y otros temas. La fragmentación política, que afecta a todos los partidos y coaliciones también se vio reflejada en el Congreso, lo que hizo que se desdibujaran las fronteras entre Gobierno y oposición. Y esta anomalía se perfila para las elecciones generales del año próximo, que serán presidenciales, de gobernadores, intendentes y de legisladores nacionales y provinciales.Pero el principal problema es la falta de consistencia del sistema republicano, la fragilidad institucional, que hace que principios constitucionales básicos como la división de poderes se cumplan sólo a medias, mientras se afianza la tendencia hacia el autoritarismo, el presidencialismo y la práctica de gobernar con DNU y superpoderes. De todos modos, la democracia se corrige siempre con más democracia y la república con más república, por lo que es de esperar que el próximo periodo parlamentario sea mejor y más creativo que el que acaba de terminar.