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La encrucijada vial

La mayoría de las rutas cordobesas sigue en atraso crónico respecto del notorio incremento de la circulación de vehículos por ellas.

26 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
La encrucijada vial

Aunque dista mucho de ser ideal, el estado de las principales rutas cordobesas es mejor que hace 10 años, según la percepción de transportistas de carga y de pasajeros. Contribuyen a esta sensación el buen mantenimiento de algunas autopistas y autovías, con independencia de si se paga peaje o no, los trabajos realizados en algunas rutas comunes, como en tramos de los caminos de alta montaña o la vía que une San Francisco con Río Cuarto y la puesta en marcha de nuevas obras, como la finalización de otro tramo de la avenida de Circunvalación de la ciudad de Córdoba y el proyectado cierre del camino de las Altas Cumbres. Pero males crónicos y un atraso generalizado de nuestra estructura vial contribuyen a relativizar el optimismo acerca de una mejora sustancial en este tema. Lo primero que hay que decir, para poner el problema en su contexto, es que los progresos viales no son suficientes para absorber el crecimiento exponencial de la circulación de vehículos. Entre las causas de este fenómeno, se encuentran la casi total desaparición del ferrocarril como medio alternativo de transporte de cargas y pasajeros, y el notable aumento del parque automotor y de la velocidad de los vehículos. También es necesario puntualizar que en esta materia, hay que empezar a correr desde muy atrás. Años de desinversión habían convertido a las rutas en trampas fatales, repletas de baches y sin escapes. Ni qué hablar de la señalización, que brilla por su ausencia o es obsoleta. Las rutas argentinas -y las cordobesas no son la excepción, como ocurre en la transitadísima ruta 19, que une San Francisco con Córdoba- son, por lo general, angostas y carecen de banquinas consolidadas. Además, el déficit de autopistas y autovías es notorio. Por otra parte, aunque ahora se está invirtiendo más, los fondos son siempre escasos para afrontar la magnitud del problema, que requiere de obras costosas. Es paradigmática, en ese sentido, la morosidad con que se construye la autopista Córdoba-Rosario sobre la base de un proyecto !de 1970! y cuyo primer tramo se inauguró en 1999. Todavía no está concluida. La tortuosa relación entre la Provincia y el Gobierno nacional por el manejo de fondos contribuye a incrementar la incertidumbre respecto de la concreción de obras imprescindibles que dependen del aporte nacional. Estamos en una encrucijada, pero no en un callejón sin salida, siempre que se cobre conciencia de la dimensión del problema y se tomen las decisiones que correspondan, sin mezquindades ni búsqueda de beneficios personales. Está en juego la salud económica de la provincia pero, sobre todo, la vida de las personas que transitan por estos caminos, llamados -con toda justicia- rutas trágicas.