Inseguridad e insolidaridad
La sociedad debería analizar con rigor y realismo la responsabilidad que puede caberle en la ominosa oleada de inseguridad que estraga al país, además de la ineludible responsabilidad del Gobierno.
La ciudadanía tiene razón cuando critica la insanable inmadurez de un garantismo extremo en ciertos jueces, que tiene mucho de infantilismo y prácticamente nada de racionalismo. Tiene razón, también, cuando condena al sistema judicial por lento y desorientado –a veces, parece extraviado– frente a la incontenible expansión de la criminalidad. Está en lo cierto, además, cuando atribuye a las fuerzas policiales escasa o nula capacidad para combatir el delito y cuando sospecha que hay agentes u oficiales en perversas colusiones con reducidores de bienes saqueados, desarmaderos clandestinos de automóviles, narcotraficantes o extorsionadores de las prostituciones femenina y masculina. En algunas áreas, esta realidad tiene visos de práctica generalizada.La profusión de críticas y evidencias fundamenta la sensación de inseguridad que estraga a la inmensa mayoría, exceptuadas, naturalmente, las cimas del poder político, que suelen condenar como "destituyente" cualquier reclamo. Pero los argentinos no podemos excluirnos de responsabilidades propias. Las naciones avanzadas que han analizado el fenómeno de la inseguridad coinciden en identificar como una de sus principales causas a la insolidaridad de sus sociedades. La solidaridad es la actitud firme, valiente, que siempre deben asumir las comunidades que enfrentan el cruento desafío de la violencia delictiva. A mayor solidaridad, menor inseguridad.Porque el activismo de la población le confiere, además, la autoridad moral para reclamar y obtener de la Policía mayor eficiencia y transparencia y de la Justicia mayor dinamismo y mayor racionalidad, lo que en modo alguno supone la exigencia de penas más severas. De lo que se trata es de no transformar a la Justicia, por acción u omisión, en protección y estímulo para la delincuencia. En fin de cuentas, el genuino garantismo consiste en dar las mayores garantías a la ciudadanía honesta.En estos días, se registró en el conurbano bonaerense el peor testimonio de insolidaridad: el adolescente Matías Berardi había logrado escapar de sus secuestradores y corrió varias cuadras clamando por auxilio. Sólo halló hogares cerrados. Ninguno de quienes escucharon sus angustiados pedidos atinó siquiera a llamar al 911 para alertar a la policía. Matías fue recapturado por los secuestradores y asesinado.Es verdad que la insolidaridad tiene un alto contenido de miedo colectivo, y lo tiene precisamente por la intolerable lentitud de la respuesta policial y por ese "notemetismo" que desde hace más de un siglo es una de las peores señas de nuestra identidad nacional. Por eso, la delincuencia domina ahora las calles y puede amenazar y vengarse como le plazca. Parece no advertirse que, a mayor insolidaridad, mayor miedo; y a mayor miedo, mayor inseguridad.

