Imágenes desoladoras
El caso del militante chaqueño que murió esposado en la cama de un hospital, semanas después de ser apaleado por la Policía, es una aberración que debe ser condenada por todos los argentinos.
Muchas protestas en la Argentina están ligadas a demandas de grupos sociales que se sienten excluidos de la asistencia elemental que debe garantizar el Estado, como la educación, la salud, la vivienda y las condiciones medioambientales necesarias para una buena calidad de vida. Es una modalidad de manifestarse que muchas veces excede los límites legales permitidos en el marco de una movilización colectiva, como puede ser el bloqueo por tiempo indeterminado de una ruta u otras acciones que vulneran derechos privados.Sin embargo, el rigor de la represión de las fuerzas de seguridad contra estos grupos sociales no es la medida más apropiada. Por el contrario, las crónicas guardan episodios aciagos de manifestantes de distintas procedencias que murieron por la desmesura represiva.El capítulo más reciente de esta ola de manifestaciones se escribió en la provincia de Chaco, un territorio castigado por la pobreza extrema, pese a que tanto el Gobierno chaqueño como las estadísticas oficiales tratan de ocultarlo.Luego de tres semanas de agonía, hace unos días, murió el dirigente social chaqueño Ángel Verón, integrante del movimiento "No al desalojo", quien fuera reprimido por la Policía el pasado 24 de septiembre mientras encabezaba una protesta sobre una ruta de aquella provincia, en reclamo de ayuda oficial para la construcción de viviendas.Distintas informaciones periodísticas coincidieron en que, luego del desalojo de la ruta, las fuerzas policiales iniciaron una "cacería con palos y balas de goma" y que Verón y su hermano Rogelio habrían sido perseguidos hasta sus viviendas, donde fueron golpeados y detenidos.Malherido, el hombre estuvo hospitalizado hasta que la muerte terminó con su larga agonía. Lo más inhumano de esta dolorosa situación es que el dirigente, pese a su estado de gravedad, permaneció en todo momento esposado a la cama en la sala de terapia intensiva.Una imagen inadmisible y a la vez desoladora, en un país cuyo gobierno central hace dos años que dejó de difundir los datos sobre la pobreza, mientras descalifica aquellas mediciones que hablan de un déficit socioeconómico cada vez más extendido en el territorio nacional.Si resultara cierto lo que denunció el movimiento al que pertenecía Verón, respecto de que el Gobierno chaqueño ordenó mantener artificialmente vivo al dirigente hasta después de las elecciones presidenciales del próximo domingo, se habrá consumado entonces lo más pérfido de la condición humana.Vale la reiteración: las luchas sociales en la vía pública deben ajustarse a las reglas de convivencia y a la ley; pero de ningún modo se puede admitir que el propio Estado ordene apalear a los que reclaman por sus derechos.

