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Horizonte oscuro para el transporte público

Las declaraciones del secretario de Transporte de la Nación sobre que los fondos para subsidios podrían acabarse en agosto generan preocupación en las provincias.

19 de junio de 2022 a las 12:01 a. m.
Horizonte oscuro para el transporte público
Transporte público de Córdoba. (Pedro Castillo)

El hecho de que un funcionario nacional haya dicho que los fondos destinados a subsidiar al transporte del interior podrían acabarse en agosto pone en negro sobre blanco nuestra enorme capacidad de tropezar sistemáticamente con la misma piedra, como un Sísifo sudamericano que ya ni tiene las fuerzas para empujarla cuesta arriba.

Puede que a estas horas secretarios de Transporte de todo el país, azuzados por gobernadores que se juegan la permanencia el año próximo, estén pensando en la solución clásica: más emisión para sostener lo que hace años se derrumbó porque urgencias diversas e intereses nunca explicitados lo llevaron hasta el punto de no retorno.

He aquí otra curiosidad argentina: el punto de no retorno fue alcanzado hace décadas, pero seguimos adelante, esa rara resiliencia nacional de repetirnos en lo que no funciona.

Se puede vivir en una crisis permanente, a costa de inflación desbocada, pobreza creciente y mucha resignación social. En ese sentido, puede decirse que somos el mejor de los ejemplos, ese que nadie debería imitar.

Hace más de dos décadas que por estas tierras se decidió subsidiar todo lo que no funcionaba pagando sólo el pasaje de ida, sin imaginar siquiera que otra vez transformamos en permanente lo que debía ser un parche circunstancial.

Si hasta discutir que el 85 por ciento de los subsidios quedan en el Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba) carece ya de sentido, tanto como el detalle de que si el pasaje subiera un 40 por ciento en esa zona llegaría a la friolera de 25 pesos, un chiste nacional si se considera que el resto del país paga cuanto menos el doble. Es otra vez la cabeza de Goliat que describió Ezequiel Martínez Estrada hace demasiado tiempo. Pero hemos llegado al punto en que las explicaciones no alcanzan, quizá porque Argentina parece funcionar como el cementerio de muchas teorías económicas, algo que también se manifiesta con la inflación.

Con dinero genuino o recién emitido sin respaldo se insiste en subsidiar a empresas cuyos números nadie conoce, a caballo de un sistema lleno de agujeros, en lugar de hacer llegar la asistencia al consumidor, lo que evitaría derroches varios y desvíos presumibles.

Al mismo tiempo, se elude la cuestión de fondo, como lo es el rediseño de todo el sistema. Tarea que cada administración esquiva de manera sistemática y cuidadosa, por la presión de las pinzas inclementes de gremios de empresarios y de trabajadores. Mientras tanto, la sistematización del boleto –y sus costos–, que podría implementarse con la nacionalización de la tarjeta Sube, sigue pendiente. Una demora que sólo se explica por la resistencia de muchos de los implicados. Es que la opacidad paga.

En resumen, y para no seguir arrojando palabras al viento, puede presumirse el panorama de agosto próximo: la Nación emitiendo más, y provincias y municipios anticipando fondos que no alcanzarán ni serán devueltos, con lo que otra vez estaremos aplazando las soluciones de fondo, una conducta que este país ya no debiera permitirse.