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Entre la desconfianza y la sangría

Mientras la Presidenta de la República peregrina por el mundo en buscade inversores extranjeros, los argentinos siguen enviando al exterior uncuantioso volumen de divisas.

05 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Entre la desconfianza y la sangría

La economía argentina es paradojal: mientras permanece excluida del mercado internacional de capitales por su interminable morosidad en saldar la deuda con el Club de París (entre 6.500 millones y siete mil millones de dólares), sectores importantes de su industria giran cada año a sus casas matrices unos... siete mil millones de dólares. Mientras la Presidenta recorre el mundo tratando de despertar confianza en inversores extranjeros, desde enero de 2002 –es decir, desde la salida del marasmo del fatídico año 2001–, los argentinos desconfían y fugan capitales. Más de la mitad de las divisas de los elevados superávits comerciales está depositada en el exterior. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), al estallar la crisis de 2001, los capitales argentinos fugados ascendían a 81.875 millones de dólares; en una década, aumentaron en otros 56 mil millones. Si el clima de inestabilidad, inseguridad e incertidumbre de los trágicos años de plomo impulsó las fugas, el restablecimiento de la democracia no produjo un cambio en esa tendencia, sino que la fortaleció. Porque, lejos de dar estabilidad, seguridad y certeza, el Estado nacional fue transformado en el más torpe e inconfiable custodio de la riqueza de sus habitantes. El desagio del Plan Austral, el ahorro forzoso, la incautación de los plazos fijos nominados en dólares, el plan Bonex, el corralito, el corralón, el default , la incautación de los fondos de las ex administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP), el desconocimiento por el Poder Ejecutivo de la intangibilidad de los depósitos y de la inamovilidad del presidente del Banco Central, etcétera, erosionaron la confianza. Por eso, cuando el desmadre del gasto público amenaza con desembocar en crisis, de inmediato surgen versiones de nuevas incautaciones, que llegarían hasta la expropiación de las divisas depositadas en las cajas de seguridad del sistema financiero. Esa alternativa ha sido sistemáticamente negada en forma oficial. En los tres primeros trimestres de 2010, la fuga alcanzó a 9.194 millones de dólares, con una previsión de 10.900 millones para todo el año precedente, suma que, según otros análisis, podría superar los 11.500 millones. El balance de los cuatro años de gestión de Cristina Fernández de Kirchner cerrará con fugas por más de 30 mil millones.Un país que atrae escasas inversiones extranjeras y padece esta sangría, tiene hipotecado su futuro. De muy poco valdrán las excepcionales condiciones favorables del mercado internacional de materias primas, nuestro principal recurso económico. La confianza y la certidumbre sólo pueden ser restauradas con austeridad en el gasto público y seguridad jurídica. Las declaraciones y promesas son inútiles. Sólo sirven los actos para corregir esa crónica tendencia.