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Emergencia educativa

La cantidad de argentinos que quedan fuera del sistema educativo en los niveles secundario y universitario obliga al Estado a tomar medidas urgentes para contrarrestar el fenómeno.

18 de abril de 2016 a las 12:44 a. m.
Emergencia educativa

En la Comisión de Educación del Senado de la Nación, el ministro del ramo, Esteban Bullrich, expuso la semana pasada los ­números que demuestran el dramático y la­mentable estado en que se encuentra el sistema educativo argentino y, por lo tanto, las jóvenes generaciones. Partamos de lo que se sabe hace tiempo sobre la situación de los adolescentes en el secundario: sólo uno de cada dos culmina esta etapa; y entre los que terminan, sólo uno de cada dos comprende lo que lee y sólo uno de cada tres comprende un planteo lógico-matemático.Esto, por supuesto, es un promedio nacional. No representa a todas las provincias por igual ni a todas las modalidades educativas. Las capitales de provincia están mejor que sus respectivas zonas interiores. Algunas provincias están peores que otras; obviamente, alguna está por debajo del promedio. En las escuelas públicas, hay mayor deserción que en las privadas.Se puede seguir discutiendo hasta el fin de los tiempos cuál es la mejor manera de diseñar una carrera docente que implique evaluaciones periódicas, un salario que no se establezca sólo en función de las horas de clase que dicta cada profesor y cómo se fijan las mínimas condiciones laborales.Durante idéntico lapso, se puede seguir ­debatiendo cuáles deben ser los contenidos mí­nimos a impartir en el primario y luego en el secundario; si con muchas materias o con pocas; si con salida laboral o no; si jornada completa o simple.El punto es qué respuesta damos a los jóvenes que quedan afuera del sistema. Si un 50 por ciento de los adolescentes no termina el secundario, ¿qué futuro tienen? Si no pueden seguir estudiando y no concluyeron la escuela media, ¿a qué tipo de trabajo pueden acceder?El problema no concluye en el secundario. A eso se suma el drama de la universidad: según Bullrich, sólo egresa el 10 por ciento de los inscriptos. Y en el quintil más pobre, la tasa de graduación universitaria apenas llega al uno por ciento.Es obvio, entonces, que pese a todos los esfuerzos que hace la escuela pública y pese a que la universidad pública es gratuita, casi todos los chicos de las clases pobres y un gran porcentaje de los de clase media quedan en el camino una y otra vez.En consecuencia, el aumento del presupuesto educativo de los últimos años no alcanza para revertir esta dramática situación. Puede ser una condición necesaria, pero no es suficiente.Así como se declaró la emergencia energética, tal vez sea necesario declarar una emergencia educativa. Hace falta resolver un problema muy grave, que nos compromete a todos y condiciona nuestro futuro. Y no tenemos tiempo.