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El mensaje que cumple un año

Mañana se recuerda que hace un año las elecciones legislativas cambiaron la relación de fuerzas. Sin embargo, no hubo avances significativos en la búsqueda de consenso y políticas de Estado.

27 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
El mensaje que cumple un año

El 28 de junio de 2009, en las elecciones de medio término, la ciudadanía argentina puso un freno al proyecto autoritario y hasta absolutista del kirchnerismo, que pretendía la suma del poder público para seguir gobernando de manera discrecional. En esa oportunidad, se renovaron la mitad de la Cámara de Diputados de la Nación y un tercio del Senado, y en ambas el oficialismo perdió la mayoría.

Fue una derrota del Gobierno y un triunfo de los partidos opositores, los que -pese a ese resultado- no supieron constituirse en una oposición clara y coherente. Aun con una nueva relación de fuerzas en el Congreso, el cuerpo político del país continuó fragmentado, lo que conspira contra la gobernabilidad, la estabilidad institucional y la seguridad jurídica.

El partido gubernamental, es decir el justicialismo, continúa dividido, ya que de un lado está el kirchnerismo y del otro, el llamado peronismo federal o disidente. En el medio están los grandes sindicatos, los gobernadores y los intendentes, la mayor parte de los cuales aparecen como aliados del Gobierno, aunque en el fondo defiendan sus propios intereses.

Nadie ha extendido un cheque en blanco a nadie y de ahí la fragilidad de la coalición gubernamental. Y la oposición, salvo en algunos casos, como pueden ser la derogación de los superpoderes y tal vez la reforma del Consejo de la Magistratura, tampoco ha dado pruebas de coherencia y solidez en sus propuestas. Por el contrario, en las filas opositoras cunden el personalismo y las disputas entre partidos o alianzas.

En efecto, hasta ahora se perfilan por lo menos tres líneas opositoras: una eventual confluencia entre la UCR, el socialismo que lidera Hermes Binner y la agrupación que lidera Margarita Stolbizer; otra línea que encabeza Elisa Carrió y, finalmente, el peronismo federal, que puede o no llegar a aliarse con Mauricio Macri y su partido. En las tres líneas hay luchas por el liderazgo, como la entablada entre Ricardo Alfonsín y Julio Cobos. Y en el gobierno hubo muchas bajas y recambios. Se fueron Alberto Fernández (de la jefatura de Gabinete), Martín Redrado (del Banco Central) y ahora Jorge Taiana (de la Cancillería). Y hubo también cambios en el Ministerio de Economía y otros niveles gubernamentales.

No está mal que haya diferentes alternativas opositoras, pero lo ideal sería que la oposición tuviera una postura unificada y coherente en las cuestiones básicas, sobre todo en el ámbito parlamentario. Tampoco está mal que en el Gobierno haya recambios y relevos, salvo que sean síntomas de desacuerdos de fondo, como la reciente dimisión del canciller, o de luchas por el poder.

Lo ideal sería que Gobierno y oposición estuvieran juntos en la definición de grandes políticas de Estado, las que conciernen al interés y bien común. En ese aspecto, bien podría decirse que -un año después- no hay nada para festejar.