El general del retroceso
Haber ascendido a teniente general del Ejército a Cesar Milani, sospechado por crímenes de lesa humanidad, implica un retroceso en la política de derechos humanos del Gobierno nacional.
El ascenso de César Milani a teniente general del Ejército –y con ello su ratificación como jefe del Estado Mayor de esa fuerza militar– quedará grabado, sin dudas, como uno de los episodios aciagos que le reservará la historia al gobierno que encabeza la presidenta Cristina Fernández. La imagen que muestra a la jefa del Estado estrechando la mano de este cuestionado personaje, durante el acto de promoción de oficiales de las Fuerzas Armadas, ha calado hondo en gran parte de la sociedad, más aún en aquellos que vivieron de cerca el horror de la dictadura militar o en los que hoy luchan sin intereses políticos de por medio por conocer el destino de sus seres queridos asesinados en aquellos años.Milani está denunciado por su presunta participación en crímenes de lesa humanidad mientras se desempeñó, con el grado de teniente, en el Batallón de Inteligencia 141 con sede en La Rioja. Un legajo turbulento que no se condice con el alto honor que le ha conferido un Gobierno que, por otra parte, se jacta de enarbolar las banderas de los derechos humanos.Sin embargo, más allá de las muestras de repudio que agitó la presencia del militar en la Casa Rosada para recibir el diploma de rigor, este caso arrastra controversias desde el mismo día en que la Presidenta designó a este militar como nuevo titular del Ejército, en reemplazo del general Luis Alberto Pozzi, en junio pasado.Desde entonces se multiplicaron las denuncias por el rol de mano dura y espía de Milani, aunque el Gobierno, siempre fiel a su soberbia, no atendió. La más mínima duda sobre la conducta de este militar, acusado, además, por presunto enriquecimiento ilícito, ya era materia suficiente para sacarlo de carrera y pasarlo a retiro.Otra imagen de desencuentro campea sobre el escenario político. Funcionarios, legisladores y organismos de derechos humanos afines al Gobierno quedaron salpicados y desprestigiados por el respaldo que dieron a esta polémica designación.Mientras en el Senado de la Nación se habla de una suerte de "obediencia debida" de legisladores oficialistas que aprobaron el pliego, referentes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo optaron por permanecer en buena sintonía con el poder antes que sumarse a la ola de repudios.Desde la otra vereda, se oyeron ponencias acertadas y de alto contenido emocional, como la que dejó la senadora por Córdoba Norma Morandini, o la de la titular de Abuelas Línea Fundadora, Nora Cortiñas, quien dijo que "le dieron asco" los senadores que habilitaron el ascenso.Nada parece conmover a una Presidenta que se resiste a escuchar a los que piensan distinto. Un inquietante nivel de decadencia y desencuentro, cuyas causas no son atribuibles sólo a los penosos antecedentes del ahora teniente general Milani.

