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El fin del principio

La confluencia de poderosos factores internos y externos parece conducir, a una salida al drama que lacera a Colombia.

30 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
El fin del principio

Las muertes de Manuel Marulanda ("Tirofijo"); Luis Edgar Devia ("Raúl Reyes"), que era el número dos y portavoz internacional de la guerrilla, y Víctor Julio Suárez Rojas, alias "Jorge Briceño Suárez" ("Mono Jojoy") son fuertes golpes contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Pero en modo alguno preanuncian el inminente final de la tragedia colombiana. Con algún apresuramiento, así se pensaba cuando falleció Marulanda. Y también se presume ahora con la desaparición de Suárez Rojas. Diría Winston Churchill que no es el principio del fin sino el fin del principio. De hecho, analistas colombianos más mesurados ya identifican a Joaquín Gómez y Pablo Catatumbo como presuntos sucesores del jefe caído, mientras Guillermo León Sáenz ("Alfonso Cano") ejerce de momento la jefatura. En su mayoría, los análisis coinciden en señalar que, sea quien fuere el que asuma la jefatura efectiva, será menos brutal y más permeable a una solución negociada que, por su adicción por la violencia revolucionaria, "el Mono Jojoy" rechazaba de plano. De hecho, "Alfonso Cano" invitó el viernes último al presidente Juan Manuel Santos a "sentarse a conversar, para elaborar una oportunidad para la paz, no para la rendición".Dos factores exógenos contribuyen a un inevitable cambio de situación. En primer término, la abierta colaboración que presta Estados Unidos al gobierno constitucional de Bogotá en su lucha contra las fuerzas de extrema izquierda. La tecnología utilizada para ubicar mediante rastreo satelital el paradero del "Mono Jojoy" y las bombas-misiles lanzados contra el campamento en plena selva colombiana son de procedencia claramente estadounidense. Esos avanzados dispositivos fueron utilizados por la maquinaria de inteligencia, que había logrado penetrar el círculo de confianza del jefe militar de las Farc con un oficial infiltrado durante más de dos años.Aquí interviene el segundo factor exógeno: la llegada de Raúl Castro a la cima del poder en Cuba supone el abandono de las estrategias marxista-leninistas de conquista del poder y, por ende, del apoyo abierto o encubierto que por décadas prestó el castrismo a la guerrilla colombiana. Difícilmente, Raúl Castro obtenga las anheladas inversiones para reanimar la exánime economía si se embarca en aventuras desestabilizadoras.En el actual contexto internacional, las Farc aparecen como un criminal anacronismo y su marxismo-leninismo está demasiado manchado por sus vinculaciones con el narcotráfico. Sólo les queda el imprevisible Hugo Chávez.Ahora es posible sumar una impostergable reparación histórica: el Congreso de Colombia inicia el debate de la ley que dispondrá la restitución de más de dos millones de hectáreas robadas a campesinos pobres que, víctimas de ese despojo, actuaron como apoyo de superficie para la guerrilla o se incorporaron a ella.