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El doble discurso

El Gobierno nacional, que se dice progresista y opuesto a "los malditos 90", se alía con sectores que crecieron con el menemismo y ejecuta la misma metodología de acumulación de poder.

20 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
El doble discurso

El gobierno kirchnerista tiene un doble discurso, cada vez más indisimulable. Por un lado condena con vehemencia los "malditos '90" –por la década de 1990, protagonizada por Carlos Menen– y, por el otro, amplía su sustento político y electoral con sectores, sindicatos, dirigentes y punteros provenientes del más rancio menemismo y duhaldismo. El último ejemplo notable fue el de Catamarca, donde Lucía Corpacci –gobernadora electa del Frente para la Victoria–, que en todo momento reivindicó la figura y el liderazgo de la presidenta Cristina Fernández, al día siguiente de los comicios resaltó su relación familiar y lealtad política con el "saadismo", es decir el clan político fundado por Vicente Leónidas Saadi. Un miembro de ese clan –Ramón Saadi, primo hermano de Corpacci y protagonista central de los festejos en la victoria– fue desalojado del gobierno catamarqueño por la intervención federal impulsada por Menem, a raíz de la profunda crisis política, social y moral abierta por el asesinato de la joven estudiante María Soledad Morales.María Soledad fue encontrada sin vida en un descampado el 10 de septiembre de 1990, desnuda, golpeada y con signos de haber sido violada. El caso provocó la inmediata reacción del pueblo catamarqueño, que se movilizó en memorables marchas, que levantaron la bandera de la verdad y la justicia. Pero, además, puso al desnudo la enorme corrupción política imperante en una provincia que el clan Saadi había tomado como feudo y propiedad privada, en la que manejaba a discreción su presupuesto y sus recursos económicos y en la que se cometían violaciones flagrantes a los derechos de las personas. María Soledad Morales fue víctima de esa corrupción moral alentada desde el poder, como quedó demostrada por la Justicia, que dictó sentencia condenatoria en primera instancia, ratificada luego por el tribunal de alzada y la Corte Suprema de Justicia.Pero para la gobernadora electa, Ramón Saadi "no es sinónimo de mala palabra; no es el demonio que plantean los medios". O sea que, a su juicio, el asesinato y la corrupción del saadismo forman parte del relato demoníaco de la prensa.Allá ellos, con su doble discurso, como el del ministro de Economía de la Nación, Amado Boudou, quien ante la embajadora de Estados Unidos reconoció que hay problemas con las cifras del Indec, aunque aclaró en su descargo que el "costo político" de corregirlas sería "muy alto". Mientras, el polémico Guillermo Moreno continúa persiguiendo y multando a las consultoras privadas que elaboran indicadores más reales.No sólo eso, Boudou se declaró como "pro norteamericano", pero pidió que no se transparentara en público su afición por esquiar en Aspen o surfear en San Diego. No sólo doble discurso, sino también la afición por gustos superficiales, mientras en los actos políticos invoca al proyecto nacional y popular.