Dos estilos y dos visiones de futuro
Brasil da el ejemplo: recorta el gasto público para frenar la inflación y reducir la pobreza. Argentina, en tanto, repite el remanido argumento de la responsabilidad privada en la suba de precios.
Mientras la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, anunciaba duros recortes en el gasto público para frenar una incipiente inflación, su colega argentina, Cristina Fernández de Kirchner, denunciaba la supuesta responsabilidad de los sectores privados en el aumento de los precios, sugería que las empresas debían repartir ganancias antes que subir sueldos y lanzaba el plan Milanesas para Todos, que fue el comentario obligado de la gente durante los últimos días. Quizá no se trate de una simple diferencia de estilos entre Dilma Rousseff y Cristina Kirchner, sino también de una diferencia de países, de tradiciones, de visiones de futuro. No por nada Brasil es hoy la primera potencia latinoamericana y figura entre los cuatro grandes emergentes que aspiran a jugar un rol de potencia mundial. Ha pasado por gobiernos de distintos signos políticos, además de la experiencia de un presidente obrero, Inácio Lula da Silva, que fue reelegido en su cargo, y continuada ahora por la de la primera mujer que llega a la jefatura de Estado. Brasil es un país que sigue el mismo rumbo, crece en forma constante y cada vez gana más prestigio y confianza en el concierto de las naciones. No sucede lo mismo, evidentemente, con la Argentina.El ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, precisó que la reducción del gasto público de este año será de unos 50 mil millones de reales, que equivale a unos 30 mil millones de dólares, con el objetivo de frenar la demanda y con ello impedir que la inflación supere la meta fijada de 4,9 por ciento anual. Se trata del recorte más fuerte de los últimos tiempos, y fue anunciado al día siguiente de que el organismo oficial de estadísticas –que allí es confiable y cuyas cifras nadie discute– revelara que la inflación de enero había sido de 0,83 por ciento, la más alta de los últimos seis años. La reducción de gastos durante 2010 había sido de unos 13 mil millones de dólares, es decir, menos de la mitad del resuelto ahora. "Estamos revirtiendo todos los estímulos que hicimos para la economía brasileña en 2009 y 2010 a causa de la crisis financiera internacional", afirmó Mantega, y agregó: "Hoy, con la economía creciendo, estamos retirando esos incentivos, tales como las exoneraciones, subsidios y aumento del gasto".El ministro precisó que gran parte de los recortes se harán sobre gastos administrativos de los ministerios y otras dependencias, y que por el momento no habrá nuevas contrataciones. En cambio, no habrá mermas en los planes sociales destinados erradicar la miseria. Bajar drásticamente el gasto público improductivo e innecesario, y preservar el objetivo de eliminar la pobreza extrema a través de los programas sociales adecuados, he aquí un ejemplo para toda América latina, que Argentina debería examinar sin prejuicios ni falsos eslóganes.

