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De progresos y prudencias

La reciente Cumbre del Mercosur alcanzó importantes acuerdos que, como siempre, deben probar su vigencia en la realidad.

06 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
De progresos y prudencias

Haber logrado, luego de más de cinco años de intrincadas negociaciones, la eliminación del doble cobro del arancel externo común y establecer un mecanismo de distribución de la renta aduanera, puede ser legítimamente reivindicado como dos de los mejores resultados de la reciente Cumbre del Mercosur, que sesionó durante dos días en San Juan.

Otro avance importante, sobre todo porque testimonia una activa conciencia conservacionista fue el "Acuerdo Sobre el Acuífero Guaraní". Suscripto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, crea un régimen permanente de gestión coordinada para la conservación y aprovechamiento sustentable de sus recursos hídricos transfronterizos, y garantiza los derechos de los países miembros del espacio económico sobre una de las mayores reservas de agua potable del planeta.

Los países firmantes se comprometieron así a promover un proyecto regional sustentable.

La reforma del sistema arancelario, que fortalece la unidad y elimina la distorsión que supone la doble imposición, atiende no solamente a los intereses de los estados asociados, sino también a los constantes reclamos de la Unión Europea, cuyos países miembros que mantienen una importante relación con el Mercosur han protestado por la disparidad de criterios y los excesos de decisionismos que deben superarse con demasiada frecuencia para mantener la fluidez en el intercambio.

Por cierto, la experiencia aconseja esperar con prudencia su aplicación. Es que no suelen faltar funcionarios tipo Guillermo Moreno que, prescindiendo de los acuerdos vinculantes que firman sus propios gobiernos, deciden políticas que desconocen el espíritu integrador del Mercosur.

La unión aduanera ha sido tan invocada como postergada desde que en 1991 se firmó el Tratado de Asunción que dio origen al mercado común sudamericano. Las dos décadas transcurridas han sido pródigas en maniobras de todo tipo que han vulnerado la idea matriz de la integración.

En los últimos doce meses, por ejemplo, nuestro secretario de Comercio Interior estuvo sumamente activo deteniendo en las fronteras caravanas de vehículos que importaban o exportaban mercancías, sobre todo aquellas que ponían en riesgo la supervivencia de sectores harto protegidos. En un gobierno con calidad institucional tales medidas suelen emanar de la secretaría de Comercio Exterior o de organismos específicos de la Cancillería, pero ningún organigrama es superior a Moreno, que en realidad es una especie de sosias metodológico de Néstor Kirchner.

Prudencia, pues, porque si algo enseña la experiencia es que los acuerdos y proyectos que se debaten y firman en cumbres del Mercosur son desafíos no siempre superados por una voluntad integradora superior a circunstanciales intereses nacionales.