Continuismo en inflación
El kirchnerismo se ha superado a sí mismo en la manipulación del Presupuesto para obtener sumas siderales aplicables a su proyecto continuista, que se basa en el manejo de la "caja".
Uno de los rasgos peculiares del estilo kirchnerista de manejo del erario es su tendencia a subestimar las proyecciones del crecimiento del producto interno bruto (PIB) y del proceso inflacionario, cuyas relaciones con la economía real son bastante opinables.
En realidad, de lo que se trata es de una grosera manipulación de cifras que tienen una sola y excluyente intención: disponer de la mayor suma de recursos posible para aplicarla a sus proyectos continuistas, que es su obsesión desde el 25 de mayo de 2003, cuando Néstor Kirchner prestó juramento como presidente de la Nación. Todo el tinglado que armó desde la Casa Rosada apunta a ese propósito. De hecho, ante el espectáculo, estimulante para él y su entorno, del resquebrajamiento del frente opositor, ya no oculta sus intenciones de permanecer en el poder, sea él o su esposa, por lo menos durante 20 años.
Uno de los instrumentos más eficientes para llevar adelante ese proyecto es el manejo de la "caja", que permite al matrimonio presidencial mantener bajo obediencia debida a gobernadores, intendentes y dirigentes sindicales. Todo proyecto sucesorio tiene su precio, como lo demuestra la política en todas partes del mundo, sobre todo en las sociedades democráticas, abiertas. En nuestro país, que padece una crónica adicción por la inflación, ese precio es cada vez más alto.
No extraña, pues, que en el presupuesto vigente la diferencia entre el cálculo de recursos y gastos enviado por el Poder Ejecutivo y aprobado por el Parlamento exhiba una abrumadora diferencia de 39 mil millones de pesos, que el Gobierno -con base en la autorización lograda- puede disponer para su ejecución. Esa cifra, que los medios oficialistas interpretan como resultado del manejo austero y responsable de los dineros públicos, es lo que permite al kirchnerismo conservar sus alianzas más importantes y realizar operaciones estratégicas para conquistar voluntades de opositores en quienes descubre, con indudable talento, ocultas pulsiones "borocotistas".El continuismo vive su proceso inflacionario y las sumas de ayer no alcanzan. Es por eso que el Poder Ejecutivo se ha superado a sí mismo, porque si en los últimos siete años el kirchnerismo dispuso con esa metodología de una masa de recursos maniobrables por 180 mil millones de pesos (según cálculos del Ieral, de Fundación Mediterránea), menos de un cuarto de esa suma pertenece al Presupuesto de este año. Es que siguen en crecimiento las urgencias de gobernadores, de intendentes municipales y de "los gordos" que manejan los principales sindicatos, cuyas lealtades suelen ser aleatorias (Carlos Menem y Eduardo Duhalde saben bastante al respecto).
La discrecionalidad en el manejo de esos montos siderales es un agravio a la transparencia administrativa, al federalismo consagrado por la Constitución y a la esencia del sistema democrático.

