Basta de abusos
Ni los errores repetidos en las planillas de sueldos de la empresa que se hizo cargo de la ex-Tamse ni la prepotencia de los gremialistas forman parte de la ciudad que los cordobeses queremos.
Nos ha sucedido otra vez: atrapados en una suerte de condena al fracaso obligatorio, los cordobeses de a pie han vuelto a serlo –más que nunca–, gracias a los buenos oficios de empresarios del transporte poco avezados, funcionarios provinciales y municipales afectados por una rara miopía y gremialistas que se contabilizan a partes iguales entre los desaforados sin remedio y los sencillamente impotentes. Por tercera vez en tres meses, los salarios mal liquidados por una empresa recién llegada a la ciudad de Córdoba con el declarado propósito de revolucionar el transporte público de pasajeros gatillaron un paro de características, si no salvajes, al menos bastante inhumanas.No se ha tratado, debe recordarse, de sueldos impagos, sino mal liquidados, lo que en cualquier tiempo y lugar ameritaría reclamos por la vía pertinente. Menos en la ex-Tamse, ese espacio extraterritorial que se rige por reglas propias y ha erosionado la gestión de más de un intendente, lo que convierte al gremio en la Némesis de pasajeros que cobran salarios insignificantes en relación con los choferes que los transportan. Y esto vuelve más irritante la ironía del destino.Estas observaciones no implican, claro, negar reclamos gremiales debidamente justificados, sino concederle a la magnitud de la ofensa una respuesta proporcionada. Pero no es la racionalidad lo que aquí abunda.Produce asombro la torpeza de empresarios del sector, supuestamente experimentados, que parecen estar esperando la oportunidad de equivocarse en grande, tropezando tres veces con la misma piedra. Son los mismos que pusieron de forma apresurada en servicio ómnibus aún no patentados y, por ende, no asegurados.¿Y qué decir de los funcionarios de la Provincia y de la Municipalidad, unidos por la impotencia? La de los primeros, presos de acuerdos gremiales que erosionan la autoridad del Ministerio de Trabajo; la de los segundos, incapaces de asimilar que su margen de credibilidad se angosta de manera peligrosa.Párrafo aparte para quienes, con chapa de gremialistas, gozan de una rara impunidad para atacar a periodistas, tan trabajadores como ellos, sin que la Justicia exhiba siquiera un interés formal en la cuestión, lo cual sin dudas contribuye a consolidar la idea ya instalada de que la violencia no paga.Esos sindicalistas devenidos patoteros son el rasgo mas visible de un desmadre social sobre el que ya ni vale la pena insistir.En un país atosigado por los fantasmas de su pasado, muchos cordobeses honestos, trabajadores de a pie, gente que rechaza toda forma de abuso, sienten que merecen algo mejor: mejores gremialistas, empresarios más serios, funcionarios responsables y eficientes. Un marco de previsibilidad, en suma. No parece tan complejo y, a la vez, hoy luce muy lejano.

