Apostar a la educación
La degradación del sistema pedagógico argentino tiene como una de sus principales causas el estado ruinoso de gran parte de las sedes de los institutos educacionales.
En 1910, en el año del primer Centenario de Mayo, la República Argentina era ejemplo en América latina por su avanzado sistema educacional. Los mandatarios y representantes extranjeros que acudieron a los solemnes festejos quedaron asombrados por la magnificencia de los edificios destinados al funcionamiento de escuelas y colegios privados y estatales y de universidades nacionales. Uno de los más ilustres testimonios fue el libro del estadista francés Georges Clemenceau, quien admiró los gabinetes científicos y hospitales dependientes de las universidades y, sobre todo, las instalaciones de la Escuela Técnica Otto Krausse. Del establecimiento técnico, afirmó que no existía en Europa nada similar.Cien años después, los visitantes extranjeros que llegan a nuestro país deben asistir al cotidiano espectáculo de manifestaciones de alumnos de los distintos ciclos, que peregrinan por las calles o bloquean el tránsito para apoyar sus reclamos de refacciones de los edificios de sus establecimientos históricos, deteriorados por la falta de mantenimiento, porque funcionan en edificios vetustos; por la pésima calidad de algunos de los que se construyen; por el precario equipamiento y por la falta de nuevos institutos.Aun en Córdoba, donde se construyeron en la última década numerosas escuelas, es inaceptable que los padres deban hacer largas colas para obtener un banco para sus hijos. En la Argentina, se ha descendido hasta la barbarie burocrática de transformar el ejercicio del derecho constitucional de aprender en una cuestión de azar: a quienes logran la anhelada inscripción, les aguarda la siguiente ordalía, que es el sorteo.No faltan, por cierto, funcionarios que, absteniéndose de conocer en forma directa el deplorable estado de la infraestructura educacional, atribuyen motivaciones políticas a las movilizaciones de padres y alumnos. Éstas existen, por cierto, como en toda protesta o reclamo social no atendido, pero no en la magnitud que se les pretende adjudicar.Los gobernantes son refractarios a reconocer una verdad evidente: no es posible alcanzar un buen nivel pedagógico si se debe enseñar y aprender en algunos edificios con paredes agrietadas o electrificadas, con dependencias sanitarias colapsadas, con ventanas cuyos vidrios fueron reemplazados por cartones, sin adecuado acondicionamiento ambiental. ¿Sus colaboradores no les hacen conocer los reclamos de la población, ni la relación existente entre deserción, repetición y exceso de años de los educandos, sobre todo de aquellos que habitan en zonas expuestas a degradaciones ambientales, la peor de todas ellas la contaminación tóxica causada por las fumigaciones en las cercanías de sus escuelas?Alguna vez deberían escuchar a la ciudadanía o al menos leer o ver informativos por sí mismos y no sólo para verse a sí mismos.

