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Aerolíneas, el toro por las astas

Es positivo que la Presidenta intervenga personalmente en la crisis de Aerolíneas, siempre y cuando no se siga manejando la empresa con criterios políticos, que han llevado a la ineficiencia y el caos.

17 de noviembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Aerolíneas, el toro por las astas

El Gobierno nacional decidió tomar el toro por las astas en el caso Aerolíneas Argentinas. Y lo hizo a través de una iniciativa de la presidenta Cristina Fernández, quien instruyó al Ministerio de Trabajo para que reclamara judicialmente la suspensión de la personería jurídica de la Asociación de Personal Técnico Aeronáutico (Apta), acusado de impulsar un "paro encubierto". Anunció, además, que la Fuerza Aérea retomará el manejo de los controladores aéreos de todos los aeropuertos del país. Lo primero que hay que destacar es que estas decisiones fueron tomadas en persona por la jefa del Estado, lo que evidencia la importancia que se da al tema. No podía ser de otro modo, porque la crisis de la línea aérea de bandera estaba llegando a una situación límite y se había convertido en una vergüenza nacional. Una crisis de la que el actual Gobierno ha sido uno de los principales responsables.Aerolíneas Argentinas le cuesta al país casi dos millones de dólares por día. Los empleados de la empresa estatal se cuentan entre los mejores pagos y aún se discute en millones de dólares la deuda que el Estado mantiene con los anteriores dueños de la compañía.Por otra parte, siete gremios mantienen una disputa permanente y hay 20 aviones nuevos sin pilotos, estacionados en varios aeropuertos del interior. Existe una puja interna entre los pilotos de Aerolíneas y Austral, que pertenecen a gremios distintos y que en algunas oportunidades llegaron a negarse a compartir la conducción de los aviones, lo que determinó la suspensión de los vuelos cuando los pasajeros estaban en sus asientos y las aeronaves listas para el despegue.Grave fue el manejo político de Aerolíneas, sobre todo durante la gestión presidencial de Néstor Kirchner, quien designó al frente de la Subsecretaría de Política Aerocomercial al gremialista Ricardo Cirielli, secretario de Apta, cuya personería jurídica podría ser suspendida si la Justicia accede al pedido de la Presidenta. También el actual titular de Aerolíneas, Mariano Recalde, es objeto de cuestionamientos, al igual que el desembarco en la empresa de La Cámpora, grupo de militantes kirchneristas sin experiencia acreditada en política aerocomercial.La decisión de la Presidenta, que en su aspecto gremial ya fue rechazada por la Confederación General del Trabajo (CGT), que lidera Hugo Moyano, merece el apoyo de la opinión pública, con todas las reservas del caso, como por ejemplo la idea de devolver a la Fuerza Aérea el manejo de los controladores. En el pasado se debatió acerca de si la aviación civil debía ser controlada por la aviación militar o si debía ser independiente.Más allá de estas discusiones técnicas, lo importante es encontrar un camino para que Aerolíneas Argentinas brinde un servicio eficiente y seguro para un país que, por su extensión, requiere un transporte aéreo confiable.