Del “vamos por todo” al pragmatismo puro
En los papeles, parece haber racionalidad y sensatez. El resultado dependerá de la voluntad política de llevar adelante el plan. Y del éxito, las chances del PJ en 2015.
El tránsito del “vamos por todo” del inicio del segundo mandato de la presidenta Cristina Fernández al pragmatismo puro que está en los genes del peronismo, quedó finalmente sellado en la semana que pasó. Los cambios en los dos ministerios clave y en las políticas que comenzaron a insinuarse son por demás elocuentes en ese sentido.
A partir del 54 por ciento de los votos en 2011, Cristina Fernández fogoneó la idea del “vamos por todo”, incluida una reforma constitucional que le habilitara un tercer mandato consecutivo. Se inclinó, en ese andar, por una suerte de “trasvasamiento generacional” que jerarquizó a sectores juveniles advenedizos en el ejercicio del poder, así como a funcionarios tan controvertidos por sus prácticas como leales a la Presidenta (caso paradigmático, el de Guillermo Moreno), en desmedro del “pejotismo”.
Sobre una política con más de épica que de gestión, la inacción y la impericia, sumadas a la heterogeneidad de criterios en el manejo económico, el Gobierno terminó durante el último bienio por abandonar los dos fundamentos de la economía (los superávits fiscal y comercial) que desde 2003 le habían servido de plataforma para el crecimiento económico con inclusión social. Y que le dieron, por tanto, mayor margen de maniobra política.
El ensimismamiento en esa concepción comenzó a hacer crisis con las Paso y terminó por estallar con las legislativas de octubre. Pragmático, peronista al fin, lo dijo estos días con todas las letras el diputado ultrakirchnerista Carlos Kunkel: “Leímos atentamente el resultado electoral: perdimos un millón de votos. Por eso los cambios (de gabinete)”.
Como un dato más que elocuente del fracaso de esa etapa épica, los cambios alcanzaron nada más que a los tres ministros (Juan Abal Medina, Hernán Lorenzino y Norberto Yahuar) que Cristina había designado al inicio de su segundo mandato, en decisiones personalísimas que también incluyeron al vice Amado Boudou.
De las carencias de los dos últimos años, que profundizaron los desequilibrios económicos, vinieron a ocuparse los cambios de estos días. Racionalidad, coherencia, previsibilidad, gestión, homogeneidad, pasaron a ser el lenguaje del tándem Jorge Capitanich-Axel Kicillof.
A eso apuntan sus iniciativas de las primeras 48 horas, que delinearon un ejercicio del gobierno inédito en administraciones kirchneristas: forzada también por su convalecencia, la Presidenta tendrá la palabra final, con Capitanich y Kicillof ejecutores, reportándole en Olivos, hasta que vuelva a la Rosada. Una delegación mínima, impensable en el kirchnerismo.
En la misma línea se encuadra el prometido y ya comenzado diálogo con la prensa, con la oposición parlamentaria y los gobernadores. Un cambio significativo si se lo compara con el enclaustramiento que caracterizó a Abal Medina en la Jefatura de Gabinete, en cumplimiento de una orden presidencial.
Hubo reuniones con dos gobernadores. Con sindicalistas y empresarios, se reanudó la “mesa de diálogo social” que, sin más voluntad que la electoral, había encabezado la Presidenta con “los dueños de la pelota”, como los llamó tras la derrota en las Paso.
En el caso de los sindicalistas, el diálogo por ahora se limita a reconstruir puentes resquebrajados con los oficialistas.
En cuanto a la oposición legislativa, y más por necesidad propia, se postergó para 2014 el debate definitivo sobre las modificaciones al Código Civil, necesarias pero impensables sin mayor consenso.
¿Qué cabe esperar en la atención de los desajustes de la economía? Nada de ajustes ortodoxos ni de shocks , anticipó el tándem Capitanich-Kicillof. Será de manera gradual, a partir de "medidas ya elaboradas, que irán anunciándose y aplicándose de modo paulatino", evaluó una fuente de la Rosada.
La perspectiva es que en la primera mitad de 2014 se aplique la “sintonía fina” prometida en diciembre de 2011 y nunca concretada. Sintonía para corregir el descontrol en subsidios, frenar la pérdida de reservas y contener la inflación. “Que se haya ido Moreno no quiere decir que esto sea un viva la Pepa”, advirtió Capitanich.
En paralelo, se intenta reestructurar la deuda y mejorar la relación con los organismos internacionales, de modo de, hacia mediados de 2014, contar con financiamiento orientado a la inversión.
En los papeles, parece haber racionalidad y sensatez. El resultado dependerá de la voluntad política de llevarlo adelante. Y de su éxito, las chances de que en 2015 el peronismo siga en el poder y que Cristina se convierta en la “gran electora”.

