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De qué hablamos cuando hablamos de género

La relación entre hombre y mujer es de poder y asimétrica; se trata de una construcción que es sostenida y reforzada en todos los ámbitos.

18 de agosto de 2013 a las 12:02 a. m.
Lauricia Bagur Della Nina*
De qué hablamos cuando hablamos de género

Como categoría de análisis, hablar de género nos permite visualizar la existencia de una subordinación de la femineidad a la masculinidad. Cuando hablamos de género estamos hablando de política e ideología, pero fundamentalmente de violencia, que se ejerce sobre las mujeres debido a su carácter subordinado en las relaciones de poder, un poder que es fruto de una construcción cultural que jerarquiza la masculinidad y legaliza un sistema de opresión. No debemos olvidar que venimos a un mundo construido, en el que forjamos una personalidad en función de lo que nos enseñaron, y lo que nos enseñaron es que el hombre es el dueño del espacio público (creador de leyes, proveedor económico del hogar, etcétera) y la mujer la dueña del espacio privado (al cuidado del hogar, al cuidado de los otros...).Esto no es más que una construcción cultural que se asigna conforme el sexo y que refleja que la relación entre hombre y mujer es de poder y asimétrica; construcción que es sostenida y reforzada en todos los ámbitos, tales como la socialización primaria, la familia, la escuela, la Justicia, el mercado laboral, las políticas públicas.El avance evidenciado desde las primeras corrientes feministas hasta hoy se debe sin duda a que la sociedad ha incorporado la noción de género, lo que ha permitido superar la discriminación normativa que existía en nuestro ordenamiento legal.Pero, a pesar de este avance legislativo –con convenciones internacionales y leyes nacionales y provinciales que tratan de prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, y los consecuentes cambios culturales–, ¿porqué aumenta día a día la violencia contra la mujer?Ante todo, no debemos olvidar que el violento toma a la persona como objeto y no como sujeto, por lo tanto no siente culpa y destruye sistemáticamente la autoestima de la víctima. Pero cuando la mujer golpeada logra romper los pactos de silencio que existen en las familias, vencer el miedo y denunciar, se produce el efecto contrario al deseado: el violento no tolera perder el objeto/mujer que considera suyo y lo elimina.Esto sucede porque para cambiar la realidad no bastan las leyes si los ciudadanos antes no incorporan la conducta opuesta a la sancionada por la normativa legal, porque sólo se respetan las normas que han sido previamente aceptadas, como mandatos sociales, por la sociedad a la que fueron destinadas.Para superar la brecha que existe entre la norma y la realidad, hay que deconstruir los prejuicios culturales que se encuentran arraigados en nuestra sociedad, los que al ser culturales son históricos, por lo que lleva tiempo lograr que la sociedad incorpore la perspectiva de género.Y para eso hay que educar en género no sólo para entender la raíz cultural de la violencia, sino también para reconstruir simétricamente las relaciones de poder entre el hombre y la mujer.Y en esto debemos contribuir las mujeres, induciendo a cambiar como el hombre nos mira y valora, porque sin dudas somos transmisoras de cultura.

* Abogada especialista  en Derecho de Familia