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Cualquiera puede cantar

Si sos de los que no pueden evitar cantar en la ducha o en el auto y lo hacen con ansias profesionales pero en secreto, unite al club. O mejor, formemos un grupo de autoayuda. Más información en Días Contados.

05 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cualquiera puede cantar
DÍAS CONTADOS. Cualquiera puede cantar (Ilustración Juan Delfini).

Me han dicho que la mayoría de los seres humanos lleva un cantante reprimido en su interior. Este resultado no pertenece a un estudio de la Universidad de Yale ni a una encuesta on line ; en todo caso, diría: muchos, muchísimos, me han confesado que cargan con un cantante sobre sus espaldas y que cada día se pone más pesado. En menor medida, se puede llevar un guitarrista, un percusionista o un tecladista. Eso sí: es alguien que se destaca entre los hilos de un pentagrama, con pretensiones de fama y de gran reconocimiento.El que quiere cantar –y sueña con hacerlo bien– tiene secretamente un programa de karaoke instalado en la notebook , un pendrive con variadísimos ritmos e intérpretes y canta en la ducha o mientras conduce, en la mayoría de los casos."Cantar y bailar son de las acciones que más liberan hormonas de la felicidad", leí hace poco en uno de esos portales populares que se encargan de lanzar noticias para que se viralicen o se acomoden a lo que la gente quiere oír.Yo confío plenamente en la nota, en el que la escribió y en mis hormonas de emojis con caritas felices. Porque canto y bailo, pero puertas adentro. Ambiciones ilimitadas Ese afán por ser una María Rosa Yorio, cuando era chica, o una Adele de hoy, no ha cesado. Los cantantes secretos somos muy ambiciosos: desconocemos los límites de edad, de los cuerpos y, obviamente, las notas musicales.Confieso que en algunas ocasiones preferiría perder el documento antes que el pendrive . Alto secreto guarda ese "cosito" en el que clasifico los bloques de canciones según los momentos o estados de ánimo; a saber: para cantar, para bailar, canciones tristes o mix rock y pop nacional (más cumbia, recientemente agregada después de ver la película Gilda).En la mayoría de ellos, hay voces femeninas y puedo mandar una nota mientras convierto el volante en bongó.Una vez, mientras volvía de mi trabajo, cantaba muy copada Y lo que quiero es que pises sin el suelo , de Catupecu Machu, cuando se me fue la mano o la garganta, no sé. Pero justo en un semáforo, abstraída en el "ohhh, ohhh, ohhhh, y busco y buscoooo", unos chicos en un auto a la par del mío me aplaudieron. Hay algo que me impide recordar si los miré y les sonreí o directamente puse primera rogando salir bien y no a los corcovos.Otras veces apelo a los temas para llorar. Imaginarse la situación no es difícil cuando venís de un día duro, en el que no todo ha salido bien y tenés unas ganas locas de oír a María Graña en Nada . Y está justo ahí: la canción comienza y la voz mía se quiebra y desafina peor, porque las lágrimas salen desatinadas cuando dice: "Nada, nada queda en tu casa natal, / sólo telarañas que teje el yuyal...". Pero es el limpiavidrios de la Monseñor Pablo Cabrera el que no entiende nada.Los cantantes superaficionados pedimos datos de clases de canto y nunca vamos. Empezamos coros y los abandonamos (porque queremos ser primera voz y susurramos bajito y no nos eligen). Cantamos a los gritos en los recitales, porque sabemos que alguien (como 10 mil personas) nos tapan. Tratamos de cantar y bailar como Madonna, y a los 15 segundos nos quedamos sin voz, sin aire y peligra nuestra vida.Persistimos, porque esta vocación ha nacido a la par del arrorró de nuestra madre y "En el bosque de la China" que nos cantaba papá, le digo al psicólogo. "¿Y por qué no canta?", me pregunta. No, así estoy bien, son las ganas las que mantienen la llama, a ver si de mí sale otra Mercedes Sosa y no: en este mundo sólo hubo sitio para una. No quiero que se pierda el encanto (y la verdad es que tengo vergüenza). Un ángel aparte Retrocedo unos casilleros en mi gira musical y llego al punto en el que llevaba a la ducha el primer grabador a teclas que me regaló mi tío Luisito, un gran tesoro, tanto el obsequio como él.Ahí tenía lo que registraba de la radio al aire, ya que no era un radiograbador. En general, eran rankings que pisaba el maldito locutor con su voz engolada y me arruinaba la reproducción.Así, el baño se llenaba de Mañana campestre , En el hospicio y La avenida de Los Tilos. Aún no les hacía tanto a los exitazos de la música disco en los que incursioné luego con Donna Summer o el Rockcollection, de Laurent Voulzy, pero sí a Los Beatles y los Bee Gees."Tiene un ángel aparte", decía mi tía Elbita, "no entiendo cómo esta chiquita no se electrocutó todavía". Si bien el escenario estaba mojado, el cepillo siempre resultó un buen micrófono al que sólo le compite el batidor de la cocina, pero no podía llevarlo al baño...Mi amiga Alicia había ideado una técnica que no sé si está patentada: plastificó unas fotocopias de canciones de Fito Páez y las tenía entre el champú y el acondicionador. Si vamos a cantar, no nos equivoquemos. Los secaba bien luego de ducharse, para que no se llenaran de hongos. "Giiiiros, todo da vueltas como una gran pelota...", entonaba mientras yo la esperaba para irnos a la Escuela de Ciencias de la Información.Nuestra vida está hecha de canciones, mi cabeza tiene canciones rondando todo el tiempo. Somos una banda sonora andante.He logrado apartarme del prejuicio que azotó a mi generación con la idea de pertenencia a una tribu, ya sea rockera o cheta. Mi nueva tribu tiene intenciones fundacionales: es la de los desprejuiciados que andan por la vida con ganas de cantar bien, pero lo hacen mal y nunca se animarán a aprender de una vez por todas para hacerlo en público.Si el concepto del nombre de esta tribu es muy largo, lo podemos convertir en sigla, pero como la sigla también es extensa, mejor lo dejamos ahí.Que alguien recoja el guante, mastique la idea, funde un club o un grupo de autoayuda. En una de esas, con las sillas en círculo nos atrevemos a cantar Rasguña las piedras, porque a esa sí la sabemos todos, y luego terminamos fundidos en un abrazo en hilera saludando como si estuviéramos en el Madison Square Garden.Sacar el papelito para los agradecimientos es otro sueño: en principio, tengo que nombrar a mi tío Luis, a mi tía Elba y, por supuesto, a Alicia, gran entendedora de estos menesteres.