Constituir la unión nacional
Hoy, gestionar es más importante que gobernar, con lo que la eficiencia es más valorada que la conducción y la ideología deja su lugar a la eficacia.
Constituir la unión nacional y cerrar la grieta, alimentada por Cristina Fernández. Es este el mayor desafío que enfrenta el Gobierno nacional. Después de décadas de guerras fratricidas, nuestros padres fundadores estamparon en el Preámbulo de la Constitución de 1853 algunos puntos que hoy es conveniente recordar, luego de tanta crispación de 12 años del gobierno más corrupto de que tenga memoria nuestro país.Constituir la unión nacional, afianzar la justicia y consolidar la paz interior fueron objetivos esenciales para consolidar la Nación, expresados en nuestra Carta Magna. Una vez logrados, permitieron que el desierto que era nuestro territorio se constituyera en la séptima potencia del mundo en menos de 50 años.Cumplido el Bicentenario de nuestra Independencia, estos conceptos merecen alguna reflexión de nuestra parte. Después de la década arrasada que significó el gobierno kirchnerista –en el que la corrupción planificada y generalizada no dejó espacio alguno sin prostituir–, es alarmante oír aún algunas voces que reivindican el "modelo", cuyas únicas políticas de Estado eran mentir y robar.Se mintió sin pudor que nos desendeudábamos mientras estábamos en default . Que bajaba la pobreza cuando más de un tercio de los ciudadanos estaban en esa condición. Que no había inflación mientras éramos uno de los cuatro países en el mundo donde persistía este flagelo.Se destruyó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para esconder esta mentira. Hubo que poner cepo cambiario en una década en la cual los términos de intercambio dejaron miles de millones de dólares al Estado, que los despilfarró hasta dejarnos casi sin reservas.Perdimos el autoabastecimiento energético logrado en la década de 1990 y hoy no tenemos la energía necesaria para crecer.Todo esto se hizo dividiendo a la sociedad entre buenos y malos, patria y antipatria, pueblo y oligarquía, y atacando a la prensa libre y la independencia del Poder Judicial. Por estos motivos, creo que es bueno intentar la unión nacional que tanto éxito dio en el pasado, afianzar la justicia y consolidar la paz interior, como reza el Preámbulo de la Constitución Nacional.El momento es oportuno ante el cambio de paradigma ocurrido en las elecciones de diciembre pasado, en las cuales una nueva mayoría liderada por independientes cuenta con el decidido apoyo del partido radical y de muchos peronistas.El peronismo, tal como lo conocimos en los últimos 70 años, no existe más. Ha dejado de ser un partido preponderante y nunca llegó a ser hegemónico como el PRI en México.Algo semejante ocurre con el radicalismo. A esto hay que agregar que los partidos políticos cedieron este lugar a la opinión pública, que es la gran protagonista del humor y el talante social.Hoy, es más importante gestionar que gobernar, con lo que la eficiencia es más valorada que la conducción y la ideología deja su lugar a la eficacia. Si no fuera así, no se explicaría que el PRO ganara en Fuerte Apache, histórico bastión del peronismo. El cristinismo hizo implosionar al peronismo de forma irreconciliable, por lo que su papel más seguro será buscar posicionarse en la nueva ecuación que la mayoría liderada por Cambiemos impondrá, ya sea mediante la adhesión y el acompañamiento o bien sumándose a la oposición. Por lo demás, en nuestro país y –creo– en el mundo occidental, ya no hay espacio para golpes de Estado –la fracasada intentona en Turquía así lo demuestra– ni tampoco hay lugar para la pueblada de 2001 en contra de un gobierno legítimo.La opinión pública exige hoy que los gobiernos terminen sus mandatos sin ningún tipo de alteraciones. Estoy seguro de que Mauricio Macri finalizará su gobierno al fin de los cuatro años para los que fue elegido. Con un mínimo éxito, tendrá chances de ser reelegido, pues en la comparación siempre parecerá mejor que la asociación ilícita que nos gobernó hasta el año pasado.* Abogado

