Complicado
Creció la deuda, el déficit y la miseria. Todo junto desnuda una serie de errores que marcan la falta de un plan.
Enfrentar al kirchnerismo podía tener sus riesgos, pero era una obligación para quien se asumiera como democrático. Apoyar a Mauricio Macri se me vuelve más complicado. Quiero que al Gobierno le vaya bien; a veces lo logra solo, otras no entiendo a dónde va. Eso es lo malo de nuestra débil y frívola realidad política. Por salir de Raúl Alfonsín, apoyé a Carlos Menem y sin duda me equivoqué. Por salir de Menem, apoyé a Néstor Kirchner y de nuevo le erré al elegir. Para salir de Cristina, apoyé a Macri.No estoy arrepentido. No dudo de que votar a Daniel Scioli hubiera sido peor. Pero eso ya no me alcanza, como esos divorciados que se apasionan por odiar a su expareja y casi no les queda energía para vivir el nuevo amor que la vida les regaló. Y a veces, muchas, siento que los del PRO prefieren al kirchnerismo como alternativa, seguros de que en esa dialéctica les toca ganar a ellos.Se equivocan: uno tiene la estatura de su enemigo. Si elige el pasado, corre el riesgo de quedarse fijado en aquella fanatizada decadencia.Varios analistas y encuestadores dicen que, como el peronismo va a ir dividido, el PRO puede ganar fácilmente las próximas elecciones. Triste. No apuestan al consenso que generen sus aciertos, sino a la división de sus adversarios.
Falta de relato
Me irrita la idea de que lo nuevo no necesita relato. Como si la modernidad hiciera innecesarios los sueños, los rumbos, los objetivos. Una idea que mucho tiene que ver con los economistas o, mejor dicho, con los comerciantes, con los intermediarios. Los productores y los obreros sí necesitan de horizontes.
El psiquiatra Viktor Frankl afirma, en El hombre en busca de sentido , que la sobrevivencia está directamente ligada a las razones que cada persona se asigna o impone en su vida.
Es cierto que el último relato se asentó en una deformación de la memoria de la década de 1970, con una exagerada cuota de fanatismo.
Eso debe obligarnos a gestar un relato alternativo basado en la pasión por la cordura. Los gerentes suelen ejecutar planes ajenos; los políticos necesitan forjar objetivos propios.
Todos los días alguien me detiene en la calle y me propone: “Ayuden a gobernar”. Me cuesta explicarle que para buena parte del Gobierno nosotros no somos la ayuda; que ellos eligieron como alternativa y enemigo a Cristina Fernández y que los que votamos a Macri, y lo volveríamos a hacer, no somos de su interés.
Creció la deuda, el déficit y la miseria. Todo junto desnuda una serie de errores que marcan la falta de un plan. No sé si de un relato; al menos de un rumbo, de un objetivo. Y, cuidado, la administración no tuvo palos en la rueda. El problema es que aún no entendieron qué debían hacer para mover la rueda. Eso es otra cosa.
El Gobierno y la gran mayoría de los votantes necesitamos que acierten, que mejoren, que así como hicieron cosas bien, puedan enmendar errores que sólo son el fruto amargo de despreciar a la política.
Si los dirigentes del PRO imaginan que con ser mejores que el kirchnerismo ya les alcanza, que la división del peronismo los tranquiliza, estamos en problemas. Necesitamos que acierten con el rumbo, que nos saquen de la inflación y no nos metan de nuevo en un dólar fijo que destruye las economías regionales y nos llena de deudas.
Es necesario un gran acuerdo nacional. Por ejemplo, para decidir que ya nadie puede cortar una calle, que el orden no es de derechas ni de izquierda, que es imprescindible para poder vivir en una sociedad en crecimiento. Salir de la cultura del subsidio y recuperar la virtud del trabajo, ayudar a integrarse a la sociedad y no que los necesitados sean una eterna clientela electoral.
Avanzamos y mucho. Quedó claro que Cristina y su violencia se agotan como ideas y se disuelven como partido. Que la democracia no está en juego, que las instituciones, desde el Parlamento a la Justicia, recuperan su lugar con dignidad.
Sólo falta que el ala dura del Gobierno –esa que impulsa Jaime Durán Barba– sea derrotada por los políticos, aquellos que, como la gobernadora de Buenos Aires, transitan la humildad y convocan a dialogar a sus adversarios.
Necesitamos que en el Gobierno se imponga la política; con mayúscula, sí, pero con talento y grandeza. Entre todos, reconstruir un relato, un rumbo, un sentido que justifique nuestro lugar en el mundo y el esfuerzo cotidiano.
* Politólogo

