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Ansiolíticos para niños

Diferentes etapas históricas han sido caracterizadas por distintas variables culturales; entre otras, las enfermedades humanas. Entre ellas, los trastornos emocionales signaron cada época.

29 de diciembre de 2013 a las 01:36 p. m.
Enrique Orschanski*
Ansiolíticos para niños

Diferentes etapas históricas han sido caracterizadas por distintas variables culturales; entre otras, las enfermedades humanas. Entre ellas, los trastornos emocionales signaron cada época. En el siglo 19, resalta la "histeria", trastorno que los médicos interpretaban como resultado de mecanismos represivos individuales.Durante el siglo 20, surge la ansiedad, destacada dentro de un abanico de manifestaciones de angustia. La industria farmacéutica respondió a esta epidemia con drogas que bloqueaban los síntomas, los conocidos ansiolíticos ( anxietas : angustia, lisis : romper). Desde hace 60 años, estos fármacos se mantienen entre los más consumidos en todo Occidente.El siglo 21 comenzó ampliando el abanico de trastornos. Aunque sin tiempo suficiente como para definir síntomas dominantes, la depresión ensancha su influencia con rapidez.Ansiedad y depresión, ligadas por causas similares, se presentan como los principales problemas psicoemocionales actuales, con alto impacto individual y social.Los niños son parte de esta realidad. Reproducen síntomas hasta hace unas décadas limitados a los mayores. Desde muy pequeños, presentan cefaleas, gastritis, traumatismos dentales por estrés, insomnio y hasta depresión; alarmas sociales, dado la precocidad y extensión con que se presentan.Los profesionales de la salud, así como toda persona vinculada a la educación de los chicos, no esperaban tremenda epidemia de situaciones asociadas a ansiedad infantil. Muchos médicos llegan a añorar las enfermedades banales –trastornos de la Pediatría clásica–, sorprendidos cotidianamente por estas nuevas formas de enfermar.La realidad exige el uso de ansiolíticos. Recursos que "rompan la angustia" en los chicos.Pero no los ansiolíticos fabricados por laboratorios, sino aquellos que surgen de la observación de las conductas familiares. Existen acciones ansiolíticas que, aplicadas en el momento y situación adecuados, podrían diluir o al menos reducir el sufrimiento por ansiedad. Algunos ejemplos: Relatarles a los chicos la propia historia personal. "A mí me pasó lo mismo", es la frase ideal para resolver angustias cuando se enteran que todos, a la misma edad, tuvimos problemas parecidos. Sustraer a los chicos del consumo interminable. Demos­trarles que consumir lleva finalmente a más insatisfacción que placer. La obtención de un ob­jeto nuevo por lo general in­crementa la ansiedad por el ­siguiente. Anticiparse a sus pedidos. Proponerles actividades que no esperan, ni son el resultado de sus pedidos taladrantes. La sorpresa aporta seguridad. Descubren que los padres, además de cuidarlos, pensamos en ellos. Agrupar chicos, educar en comunidad. La crianza "en tribu" aplaca los excesos de las personalidades más díscolas, en especial cuando deben lidiar con otros. Con más "otros" alrededor, menores son la impaciencia y los berrinches. Conocer y filtrar los contenidos de Internet y/o tevé. El bombardeo mediático llega a chicos a edades que no permiten comprender los riesgos. Adultos que interpreten y expliquen pone en perspectiva la información que de manera invariable los asusta o enferma. Prometer que siempre estaremos con ellos. Y cumplir mientras podamos. Sin pretender reemplazar tratamientos específicos en algunos chicos con ansiedad, se trata de volver a antiguas formas de relacionarnos. Y así devolverles la identidad infantil que perdieron. Porque niño es cualquier persona que, más allá de su edad, posee tres condiciones intransferibles: tiene al menos un mayor que lo protege, tiene energía ilimitada y piensa que la vida es para siempre.Si podemos devolverles la protección y el descanso que los alivie, muchos evitarán los síntomas emocionales que invaden este siglo. Alejados de la angustia sólo quedarían expuestos a las enfermedades comunes de la infancia; esas que no requieren de psicofármacos.En este turbulento comienzo de año, es urgente devolverles la ilusión infantil que nunca debieron perder. La que aporta tranquilidad ansiolítica: que todo es para siempre.

*Médico