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Ahora, la oposición se hace los rulos

El exceso de entusiasmo que muestran por estos días los opositores contrasta con la pobreza de los números que arrojan para ellos los sondeos más serios. Carlos Sacchetto.

17 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Carlos Sacchetto ([email protected])
Ahora, la oposición se hace los rulos

La exaltación de la ira, o lo que habitualmente llamamos furia, se convirtió en el rasgo dominante de las reacciones del kirchnerismo ante la abultada derrota electoral del domingo pasado en Capital Federal. Hubo de todo. Desde declaraciones destempladas cargadas de impotencia y contenido sectario hasta genuina incomprensión de una realidad hasta ese momento negada, que irrumpió sorpresivamente.Algunos funcionarios de la Casa Rosada pensaron que era un buen momento para mirar hacia adentro y hacer una autocrítica que ayudara a entender el infortunio. Pero no.La dinámica triunfalista sólo buscó culpables de afuera, representados por los enemigos políticos –Mauricio Macri y los grandes medios "que engañan a la gente"– y los votantes porteños, exponentes de "la oligarquía y la antipatria".Pésima estrategia para volver a pedir el voto dentro de 15 días a los mismos electores. Eran menos. Los ideólogos del cristinismo se aferran al convencimiento de que sólo la Presidenta es la dueña de las expectativas populares y que, cuando sea ella la que compita, producirá una incontenible avalancha de votos, impulsada básicamente por los sectores juveniles. A esos sectores apostó Cristina Fernández cuando cerró las listas de candidatos y marginó a gran parte de la dirigencia territorial del peronismo, lo que generó un extendido malestar en la fuerza.Sin embargo, del análisis pormenorizado de los resultados de la primera vuelta en el distrito capitalino surge un importante dato político: Macri triunfó en la franja de 18 a 29 años; es decir, los votantes más jóvenes.Además, eso ocurrió en la ciudad donde más desarrollo tiene el trabajo militante de la agrupación La Cámpora.¿Puede, entonces, justificarse la severa derrota sólo con los electores?Dos órdenes bajaron claras desde la residencia de Olivos el mismo domingo por la noche. Una fue que, a pesar de la enorme diferencia de votos, había que disputar el balotaje. La otra, que nadie se mostrara vencido, porque se trataba de un ocasional traspié electoral.Luego vino la increíble polémica por la intolerancia de quienes no aceptan que el pensamiento diferente sea consustancial a la democracia. Recién con el paso de los días y un estudio de lo sucedido políticamente más profundo, en el oficialismo la decepción del domingo se fue convirtiendo en preocupación.Volvió el pase de facturas y en varios despachos de la Casa Rosada se escucharon gritos airados que aludían a algunos de los coroneles más próximos a la jefa del Estado.Los intelectuales kirchneristas hicieron horas extras pensando explicaciones desde la sociología y la teoría política. El resultado fue una mezcla de argumentos sin clara dirección ideológica, porque se zigzagueó entre el conservadurismo democrático y el fascismo de izquierda. Para colmo, la Justicia confirmó que los hermanos Noble Herrera no son hijos de desaparecidos apropiados por la directora de Clarín , y cayó así una mentira con la que el relato oficial hizo bandera de hostigamiento para la prensa crítica. Ya veremos. Con más realismo, las filtraciones que se conocen de los humores presidenciales señalan que Cristina aguarda los números de un par de encuestas encargadas para intentar dimensionar cómo será la nueva derrota del balotaje. Si los pronósticos se acercaran a un 65-35, como piensa el macrismo, la Presidenta podría decidir que Daniel Filmus no participe de la segunda vuelta. Además, una semana antes del balotaje porteño la provincia de Santa Fe elegirá gobernador y las perspectivas del kirchnerismo tampoco son allí alentadoras.Con este nuevo cuadro de situación frente a sus ojos, la oposición está al borde de cargarse de exitismo y cometer el mismo error que el oficialismo. Si bien la Capital Federal mostró que en la sociedad hay oculto un voto antikirchnerista, nada indica que el fenómeno tenga la misma fuerza en el país.En el distrito porteño, tiene peso propio el liderazgo de Macri, pero la ecuación no se repite a nivel nacional con ninguno de los candidatos presidenciales de la oposición. Por lo tanto, parafraseando a la Presidenta, no deberían "hacerse los rulos".Ese exceso de entusiasmo que muestran por estos días los opositores contrasta con la pobreza de los números que arrojan para ellos los sondeos más serios. Por eso, el jefe del PRO se ha convertido en objeto de seducción para el resto de los candidatos.Los coqueteos de Ricardo Alfonsín y de Eduardo Duhalde buscan que Macri se decida a acompañar a alguno de los dos e influya sobre su electorado. Si la hay, la respuesta llegaría recién después del balotaje.Mientras Cristina sigue pareciendo inalcanzable, un gran acuerdo político con compromisos de futura coalición de gobierno parece ser el único camino a intentar por el peronismo disidente y el radicalismo. Al socialista Hermes Binner no le entusiasma la idea. Todos saben que las primarias del 14 de agosto adquieren ahora el valor de la mejor encuesta. Y decidirán en consecuencia.