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Un freno a la escalada

La demorada reunión ministerial que sucedió ayer sirvió, al menos, para poner un freno a la peor crisis comercial bilateral de los últimos tiempos, que por su dinámica pareció en algún momento que escalaría de pelea a “guerra”. Horacio Serafini.

03 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
Un freno a la escalada

La demorada reunión ministerial que sucedió ayer sirvió, al menos, para poner un freno a la peor crisis comercial bilateral de los últimos tiempos, que por su dinámica pareció en algún momento que escalaría de pelea a "guerra". Nada de eso sucedió. Como en anteriores ocasiones, Brasil y Argentina terminaron de reconocerse como socios estratégicos. Una escalada hubiera significado la implosión del acuerdo que, también con sus más y con sus menos, los contiene: el Mercosur.Un breve recuento. El conflicto comenzó en febrero, cuando Argentina llevó de 408 a 557 los productos frenados por licencias no automáticas (LNA) de importación que no sólo por el nivel de intercambio comercial, pero sobre todo por ello, incluyeron a los de origen brasileño. ¿El objetivo de la decisión? Disminuir el déficit comercial con el país vecino, constante y creciente desde hace ocho años, y forzar a cumplir con los acuerdos pro industrialización del país.Brasil respondió como nunca lo había hecho cuando Lula coexistió en el poder con Néstor y Cristina Kirchner. Dilma Rousseff golpeó con las mismas LNA, pero en el sector estratégico de la exportación argentina: de cada 10 autos que se producen, ocho van a Brasil y al sector se debe 50 por ciento del crecimiento industrial y 37 por ciento de las exportaciones manufactureras.La ocupante del Planalto no pareció medir los efectos, apremiada por la pérdida de competitividad de las exportaciones, consecuencia de la revaluación del real (el sector lácteo brasileño, por caso, dejará de ser competitivo hacia fines de este año). La vuelta a cierta sensatez provino del ministro de Industria de Lula: las LNA a los autos son un "cañonazo" para Argentina, país al que "hay que tenerle paciencia", dijo Miguel Jorge. También aportó lo suyo el malestar de los industriales paulistas, afectados en sus exportaciones a nuestro país. El acuerdo de ayer implica un freno a esa escalada. Dependerá de la voluntad política si sirve para desandar el conflicto. Ninguno resignó, por lo pronto, continuar con las LNA; en el mejor de los casos, acordaron reducir los tiempos de su vigencia. Todo en vísperas de lo que será la primera cita de las presidentas en una cumbre del Mercosur, el 24 de este mes.