¿Quién es el que genera desconfianza?
El Gobierno sorprendió con el anuncio de un mix de tres patas. Adrián Simioni.
El Gobierno sorprendió con el anuncio de un mix de tres patas: direccionar estatalmente inversiones que hasta ahora orientaba el sector privado (fondos de aseguradoras), cambiar la regulación de los mercados bursátiles para ponerlos bajo control estatal (con la Comisión Nacional de Valores) y regular a las calificadoras de riesgo ampliando ese rol a otros actores (universidades). Todo bajo la consigna de generar confianza para que más gente se anime a invertir en papeles y se olvide del dólar. Lo de las calificadoras no molesta. Los operadores saben que muchas fallaron en su rol y no tienen nada en contra de que otras entidades evalúen valores públicos.Pero en el resto del paquete, nadie cree. Se piensa que el Estado quiere direccionar los fondos para cubrir su propio rojo, sobre todo para financiar a YPF, que hoy sólo puede financiarse con una Anses ya casi exhausta por el ordeñe. A la quita de autonomía a los mercados bursátiles (relativa porque los mercados de valores son sociedades anónimas que no pueden dictar ninguna norma sin aprobación de la CNV) nadie la entiende. En Córdoba, desde la década de 1980, se recuerdan sólo dos casos de agentes bursátiles cuyo accionar podría haber minado la confianza de los inversores (el último fue a la quiebra en 2001). No parece ser ese el problema. El Gobierno también quiere "desmonopolizar": que no haya que ser accionista de un mercado de valores para operar. Pero no son monopolios. El Mercado de Valores cordobés, por caso, tiene 34 operadores. La acción vale hoy, estiman, unos 75 mil dólares. Pero en 2001 llegó a valer sólo mil. En todo caso, cualquiera puede "ponerse" un mercado de valores si la CNV lo habilita. ¿Cumple su rol? Sí. Un mercado tan chiquito como el cordobés se las ingenió en 2011 para que 13 empresas consiguieran unos 100 millones de pesos para expandirse colocando obligaciones negociables. Una, Euromayor, tal vez pudo haber pagado en pesos servicios de esos títulos si se hubiera amparado en la nueva norma del Banco Central que habilita la pesificación. Y no lo hizo. Pero, desde que el Central tocó esa regla en el marco del cepo cambiario, en Córdoba no hay más particulares dispuestos a reunir capital para que una empresa se expanda. ¿Quién es, entonces, el que genera desconfianza?

