Pasajeros de una pesadilla
La corrupción no es de izquierda ni de derecha. No hay “choros” progresistas ni se puede justificar el “roban, pero hacen”. Roxana Acotto.
La corrupción no es de izquierda ni de derecha. No hay "choros" progresistas ni se puede justificar el "roban, pero hacen". La corrupción se esconde en los pliegues de la burocracia que –en el caso de las compras y licitaciones estatales– termina pagando dos lo que vale uno. Corrupción hubo y habrá en todos los países del mundo, desde los más correctos a las republiquetas. Pero –como siempre– en Argentina asombra el grado, la magnitud, la falta de "mesura" en los casos de corrupción. Si con razonable margen de duda se puede sospechar (y de hecho se investiga) la compra de aviones de Aerolíneas Argentinas esa maniobra sería –si se comprueba–, un caso "típico" de corrupción: una necesidad convenientemente "dibujada" para determinada fábrica de aviones, sobreprecios y "retornos". Pero el escándalo Schoklender-Madres de Plaza de Mayo es una muestra del desenfreno argentino. No había ninguna necesidad de poner a la organización de derechos humanos a construir casas y menos aun de delegar su manejo en una empresa sin antecedentes en la materia y en un gestor de negocios tan peligroso como el mayor de los hermanos parricidas. Con las herramientas de gestión e información disponibles, el manejo de los fondos públicos debería ser cada vez más transparente. Los ingresos fiscales y los gastos deberían fluir "on line" a la vista de todos. A mayor transparencia, menor corrupción (y a mayor transparencia, mejor trazabilidad de los fondos). Pero si en nuestro ADN como sociedad no llevamos el gen de la transparencia, también hay que admitir que este Gobierno es el que menos esfuerzo ha hecho por hacer públicos los números… ¡públicos!La información pública no es del gobierno, es de los ciudadanos. Argentina debería –en ese sentido– generar políticas de Estado que nos aten a crecientes cuotas de transparencia en la manipulación de los fondos públicos. Tomar ese camino sin retorno debería ser un compromiso común.Mientras nos alejemos de esa senda seguiremos siendo nosotros, los contribuyentes, los pasajeros de esta pesadilla llena de casos de corrupción que nos desangran económica y moralmente.

