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Los dilemas de Europa, vistos desde acá

Los problemas económicos de algunos países del Viejo Mundo son el resultado de pertenecer a un club muy exigente: la Unión Europea. Javier González Fraga.

10 de abril de 2011 a las 12:02 a. m.
Javier González Fraga (conomista)
Los dilemas de Europa, vistos desde acá

En estos días, los ministros de finanzas de la Unión Europea están analizando la solicitud del gobierno portugués de un paquete de rescate de entre 75 mil y 90 mil millones de euros. El éxito o fracaso de este rescate es decisivo para anticipar la evolución de la Unión Europea en los próximos años, que ya ha tenido que rescatar financieramente a Irlanda y a Grecia. Portugal es un pequeño país de la Península Ibérica, con la mitad de superficie de Uruguay, pero más de tres veces su población, que alcanza a casi 12 millones de personas. Su economía se basa en una industria muy diversificada y expuesta a la competencia internacional, y en el turismo.Sus problemas económicos son el resultado de pertenecer a un club muy exigente, la Unión Europea, donde la competitividad está fijada por las economías más grandes, es decir Alemania y Francia, que además han tenido administraciones muy austeras. La inflación de Portugal en estos 11 años del euro ha duplicado a la inflación de Alemania o la de Francia. Esto significa que el "euro portugués" se ha apreciado frente al "euro alemán". Dicho en otras palabras, Portugal, al igual que Grecia, Irlanda y España, se ha encarecido en estos años, y se ha vuelto menos competitivo. Una de las grandes ventajas de pertenecer a la UE era la posibilidad de obtener fondos a tasas muy reducidas en los mercados internacionales, tentación en la que han caído las empresas y los gobiernos de estos países, hoy afectados por niveles muy altos de endeudamiento tanto público como privado. Los gobiernos han tenido que asistir a las empresas en problemas, y ahora la deuda es fundamentalmente pública, y el problema es fiscal. ¿Tiene solución en el euro? Cualquier analista, lo primero que sugeriría a Portugal, es devaluar su moneda, saliéndose del euro, para recuperar la competitividad de su economía. Pero no es tan sencillo, por varios motivos. En primer lugar, sería un golpe durísimo para la UE que algunos países, aunque pequeños, abandonen el proyecto monetario común, y por lo tanto están dispuestos a hacer muchos esfuerzos para evitar que esto suceda. Inclusive en Alemania, hoy son muchos los que se oponen a que sus impuestos sean usados para ayudar a los países "indisciplinados" del mediterráneo, y desearían volver al glorioso marco alemán de la posguerra. Pero hoy Alemania depende de sus exportaciones al resto de Europa, y un marco apreciado, o un euro de pocos países, sería una carga insoportable para una nación que, como también Francia, ya tiene un problema muy serio por el envejecimiento de su población.En segundo lugar, como la deuda esta expresada en euros, cualquier devaluación debería estar acompañada por un pedido de reestructuración de sus vencimientos, algo no muy distinto a lo realizado en Rusia en 1998 y en nuestro país en 2001. O sea que debemos descartar que la solución "devaluatoria" vaya a ser adoptada en el corto plazo, y por lo tanto, queda por delante el camino de las asistencias financieras a cambio de programas de ajuste cada vez más severos. Estos rescates como los 90 mil millones de euros que solicita Portugal están destinados a cubrir algunos vencimientos cercanos, y el déficit fiscal corriente. Pero en gran parte se usan para comprar los bonos portugueses, que estaban en manos de particulares y de bancos privados. O sea que se está "estatizando" la deuda portuguesa, a través de los llamados Fondos de Rescate, u otros mecanismos que implementan en la UE y el Banco Central Europeo. Los problemas que presentan estas soluciones financieras son varios. En primer lugar, las medidas de ajuste generan mucha resistencia sindical, porque provocan desocupación, pero también generan problemas políticos. Los funcionarios que las proponen pierden el poder, como fue el caso reciente del Premier Sócrates en Portugal. Por lo tanto no es descartable que, si el ajuste no es capaz de reactivar la economía, se produzcan cambios políticos que debiliten la voluntad política de continuar con los ajustes.Esta incertidumbre política atenta contra el éxito de los programas, ya que demora o debilita el necesario cambio de expectativas, para que se renueven las inversiones.Entonces, no debemos descartar que estos rescates simplemente permitan un cambio de manos de los bonos portugueses, y cuando estén en su mayoría en los Fondos de Rescate, o en poder de los otros gobiernos, se produzca la reestructuración de sus vencimientos, con quitas, para aliviar por lo menos las finanzas públicas de Portugal.Pero tampoco esto es el final de la historia, porque seguirá la economía privada, en este caso de Portugal, pero es también el caso de Grecia y de Irlanda, siendo poco competitiva, y sin perspectivas de volver a un sendero de crecimiento con empleo e ingresos.La recuperación de la competitividad en estos países más pequeños no resulta una tarea sencilla, y menos si deben endeudarse a tasas de interés que ya duplican las que disfrutaban hace unos años. No es extraño entonces que lo sucedido en nuestro país en el 2001-2002 esté permanentemente citado en los artículos especializados que hoy analizan la situación europea.