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La indexación se abre paso

Por la inflación, los contratos son cada vez menos duraderos. Jorge Vasconcelos.

09 de diciembre de 2012 a las 12:02 a. m.
Jorge Vasconcelos (economista)
La indexación se abre paso

Con subas anuales de entre el cinco y el siete por ciento, el tipo de cambio oficial fue un ancla (inadecuada) frente al resto de los precios en 2010 y 2011. En cambio, en 2012 y sin que la inflación haya cambiado de andarivel, el precio del dólar en el mercado oficial estará aumentando 14 por ciento anual.

Es posible que el ritmo de la devaluación se acelere un poco más en 2013, debido a los crecientes problemas de competitividad, que se agravaron después de que en Brasil la paridad real/dólar pasó de 1,60 a 2,10. No se espera que el atraso incurrido se revierta, pero sí que la brecha entre el tipo de cambio y el resto de los precios deje de ensancharse al ritmo que lo hacía hasta mediados de 2012.

Así, podríamos estar ingresando a un nuevo escenario, caracterizado por la indexación de los principales precios de la economía a un ritmo convergente, alimentado en su base por una expansión monetaria que no baja del 35 por ciento anual.

La indexación está prohibida legalmente, pero podría darse la paradoja (10 años después de la "pesificación asimétrica") que cada vez más contratos tomen como referencia la evolución del precio del dólar en el mercado oficial. Este insólito retorno de la dolarización tiene que ver con la búsqueda de una sincronización cada vez mayor de los distintos precios de la economía y con el hecho que los índices que publica el Indec siguen envueltos en la controversia. Las presiones inflacionarias en la Argentina de los últimos años están asociadas a la emisión monetaria, vinculada a su vez al déficit fiscal. En 2011, el Tesoro nacional tomó "prestado" del Banco Central algo más de 20 mil millones de pesos y, en lo que va de 2012, esa cifra alcanza a 35 mil millones, sin que debamos sorprendernos si a fin de año se acerca a los 50 mil millones. Más allá de este factor explicativo, hay que tener en cuenta que 2012 será el quinto año consecutivo (excepto 2009) con subas de precios por encima de 20 por ciento anual, de acuerdo a las oficinas de estadísticas provinciales.Cuando la inflación se vuelve rutina, se corre el riesgo de instalar una inercia de la cual es más difícil salir. Los contratos tienden a repactarse periódicamente, las empresas y las familias tienden a prever que las subas de precios del futuro ocurrirán a un ritmo semejante al del presente. Justamente, planes antiinflacionarios como el Austral en la Argentina y el Cruzado en Brasil, a mediados de los '80, tuvieron que incluir fórmulas de desindexación, porque sin ellas el ajuste fiscal y monetario que se habría requerido para estabilizar los precios habría sido extremadamente recesivo.Una diferencia importante con aquellas épocas es que, actualmente, en la Argentina, la indexación de los contratos no está avalada legalmente. Quizá hay temor a convalidar expectativas, pero si esa cláusula se autorizara, de todos modos habría gran controversia acerca de cómo utilizar los índices oficiales.La falta de reconocimiento de la inflación no es sólo una cuestión de expectativas: hay un beneficio significativo para el fisco cuando no se actualiza el mínimo no imponible de Ganancias personales y algo análogo ocurre cuando las empresas no pueden hacer ajuste por inflación en sus balances, lo que lleva a las firmas que tienen una rotación más lenta de su capital de trabajo a pagar una alícuota implícita de Ganancias muy superior a la legal (de 35 por ciento).El problema está en que, con inflación relativamente elevada y sin mecanismos legales de indexación, los contratos terminan siendo de duración cada vez más acotada, ante la incertidumbre o los riesgos por imprevistos. Y la duración de los contratos no es un tema menor, particularmente cuando se trata de decisiones de inversión. Está comprobado que aquellas economías que ofrecen el horizonte más amplio para sus contratos son las que atraen los proyectos de inversión más codiciados, los que -ofreciendo rentabilidad sólo en el largo plazo-, están relacionados con la infraestructura (caminos, vías férreas, puertos, energía) y, por ende, tienen efecto multiplicador cuando se materializan pero generan cuellos de botella cuando se postergan.Con contratos cada vez más cortos, que se renuevan con frecuencia, los ajustes se hacen cada vez más sincronizados, y las variaciones de los precios tienden a converger independientemente de las condiciones de cada mercado. Este comportamiento se advierte en la decena de ítems que incluye la canasta de precios al consumidor de San Luis, donde no hay más de dos a tres puntos porcentuales de diferencia entre cada uno de ellos y la variación promedio del año.Con la novedad que ahora el tipo de cambio oficial tiende a arrimar su variación con la del resto de los precios, y dada la tradicional dolarización de nuestra economía, aumenta la probabilidad que la cotización del dólar vuelva a ser el indexador por excelencia de la economía.Esta advertencia no debería leerse como un reclamo para que el tipo de cambio retome su rol de ancla. Por el contrario, buena parte de los problemas de hoy surgen del atraso cambiario incurrido en los últimos tres años, cuando los precios internos subieron casi 90 por ciento (San Luis), mientras la paridad peso/dólar lo hizo un 25 por ciento. Esta es una de las formas más dañinas de luchar contra la inflación. Los eventuales éxitos son efímeros, la política no es sustentable y a la salida el tipo de cambio termina saltando como un resorte.Lo cuestionable no es que el tipo de cambio haya avanzado 25 por ciento en casi tres años. El problema está en que los precios internos multiplicaron por 3,5 veces esa variación.Pero llegados a este punto y, en la medida en que no aparezca en el horizonte un plan de estabilización creíble, la indexación pasa a ser un programa de supervivencia.El problema de este escenario es que cualquier imprevisto le agrega puntos a la inflación, en lugar de restárselo. Por eso habrá que transitar enero con pie de plomo, dada la estacionalidad del primer mes de cada año. ¿Será acaso por ese riesgo que en los últimos meses han comenzado a verse algunos rasgos "ortodoxos" en la política económica? Forman parte de estas novedades un gasto público que ahora crece al ritmo de la recaudación (con provincias y obra pública como variable de ajuste) y una tasa de interés que viene subiendo en forma suave pero sostenida.