Galuccio, de Vaca Muerta hacia la vaca atada
En la industria petrolera consideran que el acuerdo entre YPF y Chevron anunciado ayer es muy importante. El primer logro fuerte de la gestión de Miguel Galuccio. Adrián Simioni.
El ejecutivo afronta un múltiple desafío: demostrar que la petrolera estatal puede ser eficiente, para lo que necesita resguardarla de las presiones de los gobiernos de turno (1) y revertir el déficit energético argentino, pese a no contar para ello con las masivas cantidades de capital que harían falta (2) y pese a una política energética que hasta ahora no promovía el desarrollo del sector (3). Todo eso en un contexto en que Argentina ha quedado cuestionada por la conflictiva expropiación de Repsol. No es fácil encontrar socios después de eso (4).
Sin Cristina. Llamó la atención que el acuerdo de ayer se anunciara en Houston, y que no fuera reservado para que lo hiciera Cristina Fernández, que hace cadenas nacionales por mucho menos que esto y que jugó una carta arriesgada con YPF. Tal vez tenga que ver con el punto 1.
Socio rico. Si algo tiene Chevron es capital. En 2009, la revista Fortune la ubicó como la quinta empresa de Estados Unidos por facturación, lo cual es importante para el punto 2. No se conocen los términos del acuerdo con YPF, pero fuentes del sector estiman que la mayor parte de la inversión en Vaca Muerta correrá por cuenta de Chevron, que será una especie de contratista a riesgo, el contrato más usual. YPF aportará su concesión sobre el área. Fuentes de la industria creen que, por su tarea, Chevron se llevará entre el 30 y 40 por ciento del valor que tenga la producción.
Otro precio. El acuerdo se anuncia un día después de que YPF oficializara ante las bolsas donde cotiza (Buenos Aires y Nueva York) la decisión del Gobierno argentino de autorizar el reconocimiento de un precio en boca de pozo de 7,5 dólares por millón de BTU para el nuevo gas que se produzca. Para eso, la industria, empezando por la conducción de YPF, batalló con el viceministro de Economía, Axel Kicillof, el último representante de la línea del Gobierno que, desde 2003, se había negado a actualizar esos valores dando origen al déficit energético de hoy. Eso tiene que ver con el punto 3.
Es un buen precio. En Estados Unidos, el gas natural cuesta hoy alrededor de 2 dólares el millón de BTU, pero eso es un mix del gas "normal" y el shale (o no convencional). En todo caso, la tecnología se abarató y la aparición del shale ha revolucionado Estados Unidos. Hay quienes dicen que la aparición de enormes reservas explotables comercialmente está en la base de un reverdecer industrial basado en esa nueva competitividad.
En todo caso, 7,5 dólares es mucho menos de los más de 10 dólares que Argentina le paga a Bolivia o de los 17 a los que importa gas licuado por barco.
Dos en litigio. Chevron no es la gran experta en explotación de combustibles no convencionales. Aparentemente, en el área tiene más experiencia Exxon Mobile, otra petrolera a la que cortejó el Gobierno. Lo de Chevron son las aguas profundas (es muy importante en el Golfo de México). Recién en 2011 compró Atlas Energy, su mayor campo de shale en las formaciones rocosas de Ohio, Pennsylvania y Nueva York, entre otros estados.
Pero Chevron tiene otras características. En mayor medida que YPF, está muy cuestionada por daños ambientales en el Ecuador de Rafael Correa. Como no tiene activos en Ecuador, un juez ecuatoriano le trabó embargos sobre activos en Argentina (adonde llegó en 1998) por 9.500 millones de dólares.
Tal vez por eso no prosperó que Repsol –que demandó a YPF ante el tribunal del Banco Mundial– demandara a Chevron en Estados Unidos por cerrar un acuerdo con la estatal argentina. Esa trama quizá tenga algo que ver con el punto 4.

