Ruega que llueva
Entravista a Jorge Madonna, fabricante de bordeadoras Plumita. Video.
Cuando llueve, muchos negocios crecen con el verde. Entre ellos, el que esta empresa de San Francisco inició 35 años atrás: la fabricación de bordeadoras y cortadoras de césped. Jorge Madonna está al frente de la firma que con producto y marca propia, Plumita, dio una pelea cuerpo a cuerpo con los artículos importados de China hasta que decidió avanzar en una integración que lo mantiene muy fuerte en el mercado. –¿Cómo se lleva con los chinos? –Bien y mal. –¿Una relación de amor/odio? –Es una relación confusa y complicada. Al principio fue una relación de odio porque comenzaron a ingresar productos chinos masivamente. –Ustedes estaban fabricando el producto... –Desde 1975 que hacemos bordeadoras y cortadoras de césped e irrumpieron de golpe las de oriente. –A un precio fulminante. –Sí, mucho más bajo que el artículo nacional. Al principio intentamos competir con ellos, con un producto argentino, garantizado, con servicio técnico propio y calidad superior. –¿Y qué pasó con esa estrategia de apostar al perfil nacional? –Pasó que la invasión fue tan grande que nos ganó el mercado. –Ni pudieron poner las manos. –Ni eso, resultó inevitable. Entonces modificamos la estrategia. –¿Pasaron al amor? –Sí, con el tiempo el odio fue pasando al cariño porque comenzamos a buscar insumos importados para hacer productos nacionales y tener competitividad. Hoy importamos componentes críticos y establecemos pautas de calidad al proveedor chino para integrarlo. –Para que les lleven el apunte allá ustedes tienen que tener volumen. –Lo tenemos, hacemos 37 mil bordeadoras y nueve mil cortadoras de pasto por temporada. –Vuelvo atrás, ¿cómo llegaron a este producto tan singular? –Lo creó mi padre, Hugo, quien ideó una cortadora cuyo corte funcionara con hilo de nylon, la tanza. Realizó muchísimos ensayos, fabricó las primeras y tomó contacto con distribuidores para armar una red nacional. Tenemos repuestos de todas nuestros modelos de máquinas, aún de los primeros (ríe). –¿En 1975 era un sistema desconocido en la Argentina, dice? –Totalmente, mi padre tiene la patente de invención argentina del sistema de corte con tanza. Sí existían antecedentes de productos similares en Europa, en Alemania, pero acá no se conocían. Incluso por entonces registró la marca Plumita. –Me parece una buena marca, cortita y recordable. –Transmite la sensación de ser una máquina liviana y práctica. –Después su padre avanzó a otros productos, según veo. –Justamente, la marca que armó le permitió comenzar con las cortadoras de césped convencionales, que ya existían. Posteriormente incorporamos equipos con motor a nafta importados de Estados Unidos. –¿Él continúa en la firma? –Es socio y por amor propio viene todos los días a la planta y vigila lo que hacemos los hermanos que estamos en la empresa (ríe). –Descuarticemos el producto, ¿qué traen y qué hacen? –El proceso ha cambiado. Fabricamos nuestra matricería y tercerizamos la inyección de los plásticos o el estampado de la chapa. También enviamos afuera el mecanizado de los ejes para los motores y demás. –Y acá, ¿qué? –Dentro de la empresa hacemos el bobinado del motor eléctrico, su ensamble y el armado completo de los distintos modelos de bordeadoras y cortadoras. En algunos modelos incorporamos motores eléctricos importados. También nos ocupamos de la comercialización que no deja de ser clave para llegar a todo el país, requiere mucho trabajo administrativo. –¿Por qué razón les da trabajo? –Por la estacionalidad, esto se vende en una determinada temporada. Los picos de venta son diciembre y enero, nos preparamos durante el año para atender esa demanda. Entre septiembre y octubre todos nos piden la mercadería. Cuando comienzan las lluvias, empieza la venta. –¡Para usted el verde más que nunca es plata! –La relación de las lluvias con la venta de productos de jardinería en general es directa. Alguna vez llegamos a febrero sin lluvias, fue fatal para las ventas. –¿Qué es lo que más se vende? –Tenemos seis modelos de bordeadora, desde 300 vatios de potencia hasta 800. El 50 por ciento de la producción corresponde a un solo modelo que es el de 600 vatios, se puede usar para cortar el pasto de un patio tamaño normal. –¿Le tocó ir a China para hacer esta integración? –Sí, hice tres viajes para ver proveedores, voy una vez al año. Y esos viajes me convirtieron en importador de otros productos de ferretería de los cuales, con otra empresa y otra sociedad, somos mayoristas. –¿Algunas vez pensaron en cerrar? –No, nunca, pese a los años muy malos. Pensamos en hacer otras líneas de producto pero no encontramos un espacio porque China invadió todos los rubros. Mucho antes de eso, en la hiperinflación bajamos a un solo empleado, el mercado estaba totalmente planchado. Eso nos llevó a fabricar productos aprovechando las instalaciones y la marca, insólito para nosotros. –A ver, ¿cuáles? –Hicimos ollas similares a la Essen (ríe). Teníamos comerciantes que vendían las bordeadora y nos tentaron a fabricar eso. Haciendo ollas de aluminio resurgió la fábrica de bordeadoras. –La olla paró la olla, nunca mejor dicho. ¿Y por qué dejaron? –Porque fue una moda, hubo un boom de compras y a los cuatro o cinco años dejamos de hacerlas. Pero todavía hay negocios que nos piden las ollas porque se acuerdan. Nos sirvieron para salir de ese pozo. –¿Recuerda cuántas ollas vendieron? –Era un proceso bastante artesanal para fundir y mecanizar, alcanzamos unas cinco mil ollas por mes. –¿Qué hay que hacer con China usted que fabrica un producto y a la vez vende artículos de ese origen? –La adaptación a esta realidad es muy importante, el Estado debe acompañar ese proceso para que complementen sus productos o su gama de oferta con los importados. De lo contrario van a desaparecer las empresas. –Una política sólo para China. –Exacto. Las actuales medidas tienen un objetivo más recaudatorio que proteccionista. –¿Pueden llegar a hacer algún otro producto aquí? –Estamos pensando en fabricar electrobombas para uso familiar.
