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El miedo al subte

La nueva embestida de la gestión Giacomino para instalar el proyecto de un subterráneo en Córdoba menos entusiasmo y más reparos. Roxana Acotto.

18 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El miedo al subte

La nueva embestida de la gestión Giacomino para instalar el proyecto de un subterráneo en Córdoba despertó aun menos entusiasmo y más reparos que los intentos previos.

Si a la dirigencia local -en general- le falta vocación para pensar a largo plazo y "en grande", también hay que admitir que los sinsabores de promesas incumplidas y realidades inocultables no son un buen caldo de cultivo para generar el consenso social en torno a un proyecto que -bajo cualquier circunstancia y gobierno- generará polémica a toneladas.

Que con 1.800 millones de dólares se podría solucionar el grave problema de cloacas y desagües no deja de ser una gran verdad, y la argumentación de Giacomino de que el financiamiento es para un subterráneo "o nada" no termina de cuajar entre dirigentes y concejales. La sociedad, en tanto, mira descreída y repasa en los diarios otras promesas recientes incumplidas: el Ferrourbano (que naufraga) y el cierre de la Circunvalación (que no recibe fondos comprometidos por la Nación y avanza a duras penas con dinero provincial), entre otras.

Por la traza urbana y los crecientes problemas de tránsito de Córdoba, desarrollar un tren subterráneo parece una alternativa casi ineludible en el futuro. Buenos Aires lo inició hace 100 años, cuando sólo tenía 900 mil habitantes, y la tendencia mundial en ese sentido se aceleró en las últimas décadas.

Darnos un debate serio sobre este tema, involucrar a todos los sectores en la discusión y empezar a perderle el miedo al subte es un trabajo pendiente que Giacomino quizá no esté en condiciones de encarar solo. Faltan "creyentes" en esta causa que genera más perspectivas de costos políticos que entusiasmo.

A veces cuesta entender la dinámica de nuestra dirigencia y nuestra sociedad que -en un mismo espacio y tiempo- es capaz de darnos una ley de matrimonio igualitario (que quizá "adelanta" 20 años) y no puede asumir un proyecto de subterráneo que hace varias décadas busca su lugar en la agenda.