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El Indec y la trampa de los números

En los próximos días, el organismo dará a conocer el dato del cierre de 2014 del índice de precios al consumidor (IPC).

11 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
El Indec y la trampa de los números

En los próximos días, el Indec dará a conocer el dato del cierre de 2014 del índice de precios al consumidor (IPC). Será la primera variación anual del flamante indicador, que nació con el primer mes del año pasado pero que hasta noviembre nunca mostró una comparación con el mismo mes del año anterior. La razón de este olvido es fácil de intuir: el Gobierno no quiere que se realice ningún tipo de empalme con la serie anterior, finalizada en diciembre de 2013 con un incremento anual de 10,9 por ciento. Muy probablemente fue para evitar suspicacias entre los tenedores de bonos que ajustan por CER y que vieron durante varios años un aumento del IPC oficial muy por debajo del real. Por el contrario, el informe del también nuevo índice mayorista (Ipim) sí tiene, todos los meses, cálculos interanuales (en noviembre subió 29 por ciento). ¿En el Ipim se puede hacer y en el IPC no? Más allá de esta anomalía en la difusión de la información, hay otra cuestión mucho más preocupante. Cuando se presentó el nuevo IPC generó una gran expectativa. ¡Por fin el Indec iba a sincerar sus estadísticas! El correr de los meses volvió a la realidad a quienes así pensaban: el indicador oficial de inflación volvió a separarse de las mediciones alternativas y a fin de año ya vuelve a mostrar una gran diferencia de, al menos, 10 puntos porcentuales. Es similar a la que había hasta 2013, con lo que cabe preguntarse: ¿para qué todo este cambio?Pero en 2014 (y, muy probablemente, también en 2015) la distorsión genera un impacto aún más negativo: hoy nadie sabe a ciencia cierta cuánto es la inflación real. Miremos algunos números. El sitio Inflacionverdadera.com calcula un incremento de precios del 39 por ciento hasta el 21 de diciembre; para el Ieral de la Fundación Mediterránea, el año terminaría en 38,5 por ciento; mientras que el Iaraf estima un cierre en torno al 40 por ciento y la Bolsa de Comercio de Córdoba, entre 36,5 y 37 por ciento. Entre el menor y mayor valor hay 3,5 puntos porcentuales de diferencia. Quizá no parezca mucho para los niveles de inflación argentinos, pero sí lo es puesta en el contexto mundial. El aumento de los precios al consumidor en las economías avanzadas sería de 1,6 por ciento en 2014, de 5,5 por ciento en los países emergentes y en desarrollo y de 6,5 en Brasil (datos del FMI). Comparada con los datos mundiales, la variación de precios es alta, ya lo sabemos, pero el dato preciso sólo podemos estimarlo. Entonces, ¿cómo pueden hacer previsiones los sindicalistas, empresarios, comerciantes, locadores, inversores, consumidores y otros agentes económicos con esta indeterminación en la inflación? La respuesta es clara: no pueden. Pero lo que sí hacen es cubrirse lo más posible; y eso a lo único que lleva es a sobreestimar las expectativas inflacionarias. Nadie quiere quedar retrasado más adelante y por eso piden subas salariales más altas, remarcan precios o alquileres por las dudas, invierten o compran dólares. No se trata de especulación (vista, ya se sabe, como una mala palabra) sino el comportamiento lógico ante un escenario incierto. Y, aunque los datos oficiales no lo muestren, esto no ayuda a frenar la inflación, todo lo contrario.